canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 414
literatura fantástica
Juego de tronos
suyos, y confiaba en ellos más que en cualquiera de los hombres de su padre. No pensaba perderlos así
como así.
—En ese caso más vale que aprendas a controlarlos, no quiero que saqueen la ciudad.
—¿La ciudad? —Tyrion no entendía nada—. ¿Qué ciudad?
—Desembarco del Rey. Te voy a enviar a la corte.
Era la última cosa que Tyrion Lannister se habría imaginado. Cogió el vino y bebió un sorbo
para disponer de unos segundos y poder meditar.
—¿Y qué voy a hacer allí?
—Gobernar —replicó su padre con tono seco.
Tyrion se echó a reír a carcajadas.
—¡Seguro que mi querida hermana tiene algo que decir al respecto!
—Que diga lo que quiera. Hay que meter en cintura a su hijo antes de que acabe con todos
nosotros. La culpa la tienen esos mequetrefes del Consejo: nuestro amigo Petyr, el venerable Gran
Maestre, y ese cerdo capado de Lord Varys. ¿Qué consejos le dan a Joffrey, que no hace más que
cometer una locura tras otra? ¿De quién fue la idea de otorgar el título de Lord a Janos Slynt? Su padre
era un vulgar carnicero, ¡y le ha entregado Harrenhal! ¡Harrenhal, que fue asentamiento de reyes!
Pero, si de mí depende, no llegará a poner el pie allí. Me han dicho que ha elegido como blasón una
lanza ensangrentada. Un cuchillo de desollar ensangrentado habría sido más apropiado. —Todavía no
había alzado la voz, pero Tyrion veía la rabia relampagueando en los ojos dorados de su padre—. ¿Y
cómo se le ocurrió echar a Selmy? Cierto, estaba viejo, pero el nombre de Barristan el Bravo es una
leyenda en el reino. Tenerlo a su servicio era un honor para cualquier hombre. ¿Se puede decir lo
mismo del Perro? A un perro se le echan huesos cuando está debajo de la mesa, no se lo sienta en el
banco principal. —Apuntó a Tyrion con un dedo—. Si Cersei no es capaz de dominar a ese chico,
tendrás que hacerlo tú. Y si esos consejeros nos intentan jugar una mala pasada...
—Picas —suspiró Tyrion que sabía cómo terminaba la frase—. Cabezas. Murallas.
—Ya veo que has aprendido algo de mí.
—Más de lo que te imaginas, padre —respondió Tyrion con voz queda. Apuró el vino y dejó
la copa sobre la mesa, pensativo. En cierto modo se sentía más complacido de lo que quería reconocer,
pero otra parte
de su ser recordaba demasiado bien la batalla río arriba, y se preguntaba si lo volverían a
enviar a defender el flanco izquierdo.
—¿Por qué yo? —preguntó, inclinando la cabeza a un lado—. ¿Por qué no envías a mi tío? ¿O
a Ser Addam, o a Ser Flement, o a Lord Serrett? ¿Por qué no envías a un hombre... más grande?
—Tú eres mi hijo —dijo Lord Tywin levantándose bruscamente.
Entonces fue cuando se dio cuenta.
«Lo das por perdido —pensó—. Hijo de la gran puta, crees que Jaime se puede dar por
muerto, así que soy lo único que te queda.» Tyrion hubiera querido abofetearlo, escupirle a la cara,
sacar la daga y arrancarle el corazón para ver si estaba hecho de oro viejo y duro, como decía el pueblo
llano. Pero se quedó allí, sentado, en silencio.
Los fragmentos de la copa rota crujieron bajo los talones de su padre cuando Lord Tywin
cruzó la estancia.
—Una última cosa —dijo ya junto a la puerta—. No te lleves a la puta a la corte.
Tyrion se quedó sentado largo rato, a solas en la sala común, después de la salida de su padre.
Por último, subió por los peldaños que llevaban a su acogedora buhardilla bajo la torre del
campanario. El techo era bajo, pero para un enano eso no suponía ningún problema. Desde la ventana
se veía la horca que su padre había alzado en el patio. El cuerpo de la tabernera colgaba de la cuerda, y
se mecía con cada ráfaga de viento nocturno. A aquellas horas tenía ya las carnes tan escasas y
maltrechas como las esperanzas de los Lannister.
Shae musitó algo en sueños cuando se sentó al borde del lecho de plumas, y se giró hacia él.
Tyrion deslizó la mano bajo la manta, y le acarició un pecho suave. Ella abrió los ojos.
—Mi señor —dijo con una sonrisa adormilada.
Tyrion sintió que el pezón se endurecía, y la besó.
—¿Sabes, pequeña? Voy a llevarte a la corte, a Desembarco del Rey.
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