canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 411
literatura fantástica
Juego de tronos
—El hombre que no ve nada no necesita ojos —declaró la Montaña—. Sacádselos y
entregadlos al próximo oteador. Decidle que suponéis que cuatro ojos verán más que dos... y, de
lo contrario, el hombre que lo suceda tendrá seis.
Lord Tywin Lannister volvió el rostro para mirar a Ser Gregor. Tyrion vio un destello de
oro que la luz arrancó de las pupilas de su padre, pero
no habría sabido decir si era una mirada de aprobación o de repugnancia. Lord Tywin
guardaba silencio a menudo durante el consejo, prefería escuchar antes de hablar, costumbre que
Tyrion imitaba siempre que podía. Pero aquel silencio era extraño hasta para él, y no había
probado el vino.
—Has dicho que atacaron de noche —intervino Ser Kevan.
El hombre asintió, cansado.
—El Pez Negro iba al mando de la vanguardia, eliminó a los centinelas y derribó las
empalizadas para abrir camino al ataque principal. Cuando los nuestros comprendieron qué
pasaba, los jinetes llegaban ya por las orillas del río y entraban al galope en el campamento con
espadas y antorchas en las manos. Yo estaba durmiendo en el campamento oeste, entre los ríos. Al
oír el fragor de la batalla y ver las tiendas incendiadas, Lord Brax nos ordenó ir a las balsas y
cruzar impulsándonos con las pértigas, pero la corriente río abajo era fuerte, y los Tully
empezaron a lanzarnos rocas con las catapultas de las murallas. Destrozaron una de las balsas, e
hicieron volcar otras tres. La corriente se llevó a muchos hombres, casi todos murieron ahogados,
y los que consiguieron llegar a la orilla se encontraron a los Stark esperándolos.
—Mi señor padre... —Ser Flement Brax, que vestía un tabardo color plata y púrpura, lo
miraba como sin comprender lo que oía.
—Lo siento mucho, mi señor —dijo el mensajero—. Lord Brax llevaba la armadura
puesta cuando su balsa volcó. Fue muy valiente.
«Fue muy idiota», pensó Tyrion, mientras hacía girar la copa y contemplaba el vino.
Cruzar un río de noche, en una balsa rudimentaria, con la armadura puesta, mientras el enemigo
espera en la otra orilla... Si aquello era valor, prefería mil veces la cobardía. Se preguntó si Lord
Brax se habría sentido especialmente valiente mientras el peso del acero lo hundía en las aguas
negras.
—También barrieron el campamento situado entre los ríos —decía el mensajero—.
Mientras intentábamos cruzar, llegaron por el oeste más hombres de los Stark, dos columnas de
jinetes con armaduras. Vi el gigante con cadenas de Lord Umber y el águila de Mallister, pero el
que iba a la cabeza era el chico, y un lobo monstruoso corría a su lado. Yo no lo vi, pero me
contaron que esa fiera mató a cuatro hombres y despedazó a una docena de caballos. Nuestros
lanceros formaron una muralla de escudos y resistieron la primera carga, pero entonces los Tully
abrieron las puertas de Aguasdulces, y Tytos Blackwood salió con un grupo por el puente
levadizo, y los atacó por la retaguardia.
—Por todos los dioses —maldijo Lord Lefford.
—Gran Jon Umber prendió fuego a las torres de asalto que estábamos construyendo; Lord
Blackwood encontró a los cautivos, entre ellos a Ser Edmure Tully, y escapó con todos. Nuestro
campamento sur estaba bajo el mando de Ser Forley Préster. Cuando vio que habíamos perdido los
otros dos campamentos, inició la retirada con dos mil lanceros y otros tantos arqueros, pero el
mercenario de Tyrosh que iba al mando de los jinetes libres tiró sus estandartes y se pasó al enemigo.
—Maldito sea ese hombre. —Su tío Kevan parecía más airado que sorprendido—. Le advertí
a Jaime que no confiara en él. El guerrero que lucha por dinero sólo es leal a su bolsillo.
Lord Tywin apoyó la barbilla en las manos entrelazadas. Los ojos era lo único que movía
mientras escuchaba. Las espesas patillas doradas enmarcaban un rostro tan inexpresivo que parecía
una máscara, pero Tyrion advirtió que la cabeza afeitada de su padre estaba perlada de sudor.
—¿Cómo ha podido suceder esto? —aulló de nuevo Ser Harys Swyft—. Ser Jaime prisionero,
el asedio fracasado... ¡es una catástrofe!
—Todos os estamos muy agradecidos por señalar lo evidente, Ser Harys —intervino Ser
Addam Marbrand—. Ahora la pregunta es, ¿qué vamos a hacer al respecto?
—¿Qué podemos hacer? Los hombres de Ser Jaime están prisioneros, o muertos, o han huido;
los Stark y los Tully han cortado nuestras líneas de suministros. ¡Estamos aislados del oeste! Si
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