canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 370
literatura fantástica
Juego de tronos
muerta. Vio a un Hermano de la Luna empalado por una lanza Karstark. Vio cómo el caballo de
Conn destrozaba de una coz las costillas de un hombre. Una lluvia de flechas
cayó sobre ellos; no habría sabido decir de dónde procedían, porque mataban a los Stark y
a los Lannister por igual, chocaban contra las armaduras o abrían las carnes. Tyrion Lannister alzó
el escudo y se cobijó bajo él.
El puerco espín se desmoronaba, los norteños retrocedían ante el ataque de la caballería.
Tyrion vio cómo un golpe de Shagga destrozaba el pecho de un lancero, cómo el hacha hendía la
armadura, el cuero, el músculo y los pulmones. Murió todavía de pie, con la cabeza del hacha
incrustada en el pecho, pero Shagga siguió adelante, partió en dos un escudo con el hacha de la
mano izquierda, mientras el cadáver se balanceaba colgado inerte de la derecha. Por fin Shagga se
liberó de su peso, entrechocó las dos hachas y lanzó un rugido.
El enemigo estaba ya sobre Tyrion, su espacio de combate se redujo a apenas un metro en
torno al caballo. Un guerrero trató de ensartarle el pecho. Tyrion blandió el hacha y desvió la
lanza a un lado. El hombre retrocedió para probar suerte de nuevo, pero él picó espuelas y lo
arrolló con su caballo. Tres enemigos rodeaban a Bronn, que consiguió cortar con la espada la
punta de la primera lanza, y destrozar la cara del segundo hombre con el golpe de revés.
Una lanza llegó silbando por la izquierda hasta Tyrion, y se le clavó en el escudo. Se dio
media vuelta y persiguió al lancero, pero él también se protegió levantando el escudo por encima
de la cabeza. Tyrion lo rodeó, lanzando hachazos contra la madera. Saltaron astillas de roble,
hasta que el norteño perdió pie, resbaló y cayó de espaldas, todavía con el escudo encima. Estaba
fuera del alcance del hacha de Tyrion, y descabalgar para matarlo habría sido una molestia
excesiva, así que lo dejó allí y cabalgó hacia otro hombre. Le asestó un golpe desde arriba con tal
energía que el brazo se le quedó entumecido. Así consiguió un instante de respiro. Tiró de las
riendas, y buscó el río con la mirada. Allí estaba, a la derecha. En el fragor de la batalla, se había
dado la vuelta.
Un Hombre Quemado pasó a su lado, derrumbado sobre el caballo. La lanza que le había
penetrado por el vientre le sobresalía por la espalda. Nada se podía hacer por él, pero, cuando
Tyrion vio que uno de los norteños echaba mano de sus riendas, se lanzó a la carga.
Su enemigo lo esperó con la espada en la mano. Era un hombre alto y flaco, con jubón
largo de mallas y guanteletes de acero articulados, pero había perdido el yelmo, y la sangre que le
manaba de un corte de la frente le corría entre los ojos. Tyrion lanzó un golpe de tajo hacia la
cara, y el hombre alto lo desvió.
—¡Enano! —gritó—. ¡Muere!
Tyrion cabalgó en torno a él, lanzándole golpes a la cabeza y a los hombros, mientras el
norteño giraba en círculo. El acero chocó contra el acero, y Tyrion no tardó en darse cuenta de que el
hombre alto era más fuerte y más