canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 363
literatura fantástica
Juego de tronos
TYRION
En la cima de una colina desde la que se divisaba el camino real, bajo un olmo, se había
colocado una larga tabla de pino sobre caballetes, cubierta con un paño dorado. Allí, bajo su
pabellón, Lord Tywin cenó con sus principales caballeros y señores vasallos. Su estandarte
escarlata y dorado ondeaba al viento.
Tyrion llegó tarde, dolorido tras tantas horas en la silla de montar, y amargado, demasiado
consciente de lo cómico que debía de resultar su aspecto al subir por la ladera hacia su padre. La
marcha de aquel día había sido larga y agotadora. La perspectiva de emborracharse aquella noche
le parecía de lo más tentadora. Las luciérnagas parecían dar vida al aire del ocaso.
Los cocineros estaban sirviendo la carne: cinco cochinillos de piel tostada y crujiente,
cada uno con una fruta diferente en la boca. El olor le hizo la boca agua.
—Disculpad el retraso —dijo.
—Debería encargarte la misión de enterrar a nuestros muertos, Tyrion —bufó Lord
Tywin—. Si llegas tan tarde a la batalla como a la mesa, cuando te dignes a aparecer la lucha
habrá terminado.
—Vamos, padre, al menos me reservarás un par de labriegos, ¿no? —replicó Tyrion—.
Tampoco muchos, no quiero ser codicioso. —Se llenó la copa de vino y observó cómo uno de los
criados trinchaba el lechón. La piel crujiente se quebraba bajo el cuchillo y corrían los jugos
calientes de la carne. Era el espectáculo más hermoso que Tyrion había visto en mucho tiempo.
—La avanzadilla de Ser Addam dice que la hueste de los Stark se mueve hacia el sur de
los Gemelos —le informó su padre al tiempo que le llenaban el plato de tajadas de lechón—. Los
hombres de Lord Frey se han unido a él. No creo que esté a más de un día de viaje hacia el norte.
—Por favor, padre —dijo Tyrion—. Que estoy a punto de comer.
—¿Y la perspectiva de enfrentarte al joven Stark te acobarda, Tyrion? A tu hermano
Jaime le encantaría tenerlo delante.
—Yo lo que deseo es tener delante ese lechón. Robb Stark no es tan tierno, y jamás ha
olido tan bien.
—Espero que vuestros salvajes no compartan esa desgana —dijo Lord Lefford, el ave de
mal agüero que se encargaba de las provisiones,
inclinándose hacia adelante—, o habremos desperdiciado mucho acero en ellos.
—Mis salvajes utilizarán muy bien ese acero, mi señor —replicó Tyrion. Cuando le dijo a
Lefford que necesitaba armas y armaduras para los trescientos hombres que había llevado Ulf de
las montañas, fue como si le pidiera que les entregara a sus hijas vírgenes para que se divirtieran.
—Esta mañana he visto al grande —dijo Lefford con el ceño fruncido—, el peludo, el que
se empeñó en que necesitaba dos hachas de combate, de esas grandes de acero negro con dos
hojas en forma de luna.
—Es que a Shagga le gusta matar a dos manos —dijo Tyrion, sin apartar los ojos del plato
de cochinillo humeante que acababan de poner ante él.
—Y todavía llevaba el hacha de madera a la espalda.
—Shagga es de la opinión de que tres hachas son mejor que dos. —Tyrion cogió un
generoso pellizco de sal entre el índice y el pulgar, y espolvoreó la carne.
—Hemos pensado que vos y vuestros salvajes deberíais estar en la vanguardia cuando
comience la batalla —intervino Ser Kevan inclinándose hacia adelante. Ser Kevan rara vez
pensaba nada que Lord Tywin no hubiera pensado antes. Tyrion había pinchado un trozo de carne
con la daga y se lo estaba llevando a la boca. Lo volvió a bajar al oír aquello.
—¿La vanguardia? —repitió, dubitativo. O su señor padre sentía de pronto un respeto
desconocido ante la habilidad de Tyrion, o había decidido librarse de una vez por todas de la
vergüenza que le suponía un hijo tullido. Tyrion tenía el sombrío presentimiento de que era lo
segundo.
—Tienen un aspecto muy feroz —señaló Ser Kevan.
—¿Feroz? —Tyrion se dio cuenta de que estaba repitiendo las palabras de su tío como un
pájaro bien entrenado. Su señor padre lo miraba, sopesando cada palabra—. Os contaré hasta qué
punto son feroces. Anoche un Hermano de la Luna apuñaló a un Grajo de Piedra por una
salchicha. Hoy, al montar el campamento, tres Grajos de Piedra le abrieron la garganta. No sé,
363