canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Página 353

literatura fantástica
Juego de tronos
« No tengo derecho a esta espada— pensó—, igual que no tenía derecho a Hielo.» Movió los dedos quemados, y sintió un latido de dolor bajo la piel.— Me honráis, mi señor, pero...— Déjate de peros, chico— lo interrumpió Lord Mormont—. De no ser por ti y por esa bestia que te acompaña, no estaría aquí sentado. Luchaste como un valiente... y, lo que es más importante, pensaste con rapidez. ¡ Fuego! Claro, maldita sea. Teníamos que haberlo imaginado. Teníamos que haberlo recordado. No es la primera vez que llega la Larga Noche. Sí, ocho mil años es mucho tiempo, claro... pero, si la Guardia de la Noche no recuerda, ¿ quién lo hará?— ¿ Quién?— repitió el cuervo—. ¿ Quién? ¿ Quién? Sin duda los dioses habían escuchado las plegarias de Jon aquella noche; el fuego había prendido las ropas del hombre muerto, y lo habían consumido como si tuviera cera en vez de carne, como si sus huesos fueran de madera vieja y seca. A Jon le bastaba con cerrar los ojos para volver a ver a aquella cosa tambaleándose por la habitación, chocando contra los muebles y tratando de sacudirse las llamas. Lo que más lo obsesionaba era el rostro, rodeado por un halo de fuego, con el pelo en llamas como si fuera de paja, mientras la carne muerta se derretía y dejaba el cráneo al descubierto.
Fuera cual fuera la fuerza demoníaca que movía a Othor, las llamas habían acabado con ella; la cosa retorcida que encontraron entre las cenizas no era más que carne asada y huesos chamuscados. Pero, en sus pesadillas, volvía a enfrentarse a aquello... y el cadáver ardiente tenía el rostro de Lord Eddard. Era la piel de su padre la que ardía y se chamuscaba, los ojos de su padre los que corrían líquidos por las mejillas como lágrimas de gelatina. Jon no entendía qué era aquello, ni qué significaba, pero el sueño lo aterrorizaba.
— Una espada es un pago escaso a cambio de una vida— concluyó Mormont—. Cógela, no quiero oír nada más al respecto, ¿ entendido?
— Sí, mi señor.— El cuero blando cedió bajo los dedos de Jon, como si la espada empezara ya a amoldarse a su mano. Sabía que era un honor, se sentía honrado, pero...
« No es mi padre.— El pensamiento brotó de súbito en la mente de Jon—. Lord Eddard Stark es mi padre. No lo olvidaré. No importa cuántas espadas me den, no lo olvidaré.» Pero no podía decirle a Lord Mormont que soñaba con la espada de otro hombre...
— Y nada de frases corteses— siguió Mormont—. Así que ahórrate los cumplidos. Honra este acero con hechos, no con palabras. Jon asintió.— ¿ Tiene nombre, mi señor?— Lo tuvo. La llamábamos Garra.— Garra— repitió el cuervo—. Garra.— Garra es un buen nombre.— Jon tiró una estocada tentativa. Se sentía muy torpe e incómodo con la mano izquierda, pero el acero parecía fluir por el aire como si tuviera voluntad propia—. Los lobos también tienen garras, igual que los osos.
— Me imagino que sí.— El Viejo Oso pareció complacido—. Supongo que querrás ponerte la vaina al hombro; es demasiado larga para llevarla a la cintura, al menos hasta que no crezcas unos centímetros más. Y tendrás que practicar los golpes a dos manos. Ser Endrew te podrá enseñar unos cuantos cuando se te curen las manos.—¿ Ser Endrew?— Jon no conocía de nada aquel nombre.— Ser Endrew Tarth, es un buen hombre. Está de camino, viene de la Torre Sombría para ocupar su lugar como maestro de armas. Ser Alliser Thorne partió ayer hacia Guardiaoriente del Mar.—¿ Por qué?— preguntó Jon como un idiota mientras bajaba la espada.— Porque lo he enviado yo— contestó Mormont con un bufido—, ¿ qué te pensabas? Lleva con él la mano que tu Fantasma le arrancó al cadáver de Jafer Flores. Le he ordenado que la lleve a Desembarco del Rey y la ponga delante de ese niño rey. Si con eso no conseguimos captar la atención del joven Joffrey... Y Ser Alliser es un caballero ungido, de noble cuna, tiene viejos amigos en la corte. No pasarán por alto lo que diga, como si fuera un vulgar cuervo.
—¡ Cuervo!— graznó la mascota. A Jon le pareció que había una nota de indignación en la voz del pájaro.
— Además— siguió el Lord Comandante, haciendo caso omiso de la protesta de su mascota—, así consigo poner mil leguas entre vosotros dos, sin que parezca un castigo para él.— Señaló a Jon con un dedo—. No pienses ni por un momento que esto significa que apruebo aquella tontería de la sala
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