canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 352
literatura fantástica
Juego de tronos
¿quién sabe? Lo más probable es que Pycelle no se haya molestado en contestar. No sería la primera
vez, ni la última. Me temo que en Desembarco del Rey no nos
conceden mucha importancia. Sólo nos dicen lo que quieren que sepamos, o sea, bien poca
cosa.
«Y vos me decís sólo lo que queréis que sepa, o sea, todavía menos», pensó Jon con
resentimiento. Su hermano Robb había convocado a los vasallos e iba rumbo al sur, en pie de guerra,
pero nadie le había dicho ni palabra... sólo Samwell Tarly, que le leyó la carta al maestre Aemon y
aquella misma noche se lo contó todo a Jon, sin dejar de protestar porque no debía hacerlo. Sin duda
pensaban que lo que hiciera su hermano no era asunto suyo. Aquello lo preocupaba hasta límites
indecibles. Robb marchaba hacia el sur, y él no. Por mucho que se repitiera que ahora su lugar estaba
en el Muro, con sus nuevos hermanos, seguía sintiéndose un cobarde.
—Maíz —graznaba el cuervo—. Maíz, maíz.
—Cállate de una vez —le dijo el Viejo Oso—. Nieve, ¿cuándo te ha dicho el maestre Aemon
que podrás volver a usar la mano?
—Pronto —respondió Jon.
—Bien. —Lord Mormont puso sobre la mesa, entre ellos, una gran espada, metida en una
vaina de metal negro con incrustaciones de plata—. Entonces, estarás preparado para esto. —El cuervo
se posó sobre la mesa, curioso. Jon titubeó. No sabía qué significaba aquello.
—¿Mi señor?
—El fuego fundió la plata del pomo, y quemó la cruz y la empuñadura. Cuero seco y madera
vieja, qué otra cosa podía pasar. En cambio, la hoja... haría falta un fuego cien veces más caliente para
dañar la hoja. —Mormont empujó la vaina en dirección a Jon—. Ordené que te hicieran nuevo el
resto. Cógela.
—Cógela —repitió el cuervo—. Cógela, cógela.
Jon cogió la espada con la mano izquierda, la derecha la tenía envuelta en vendas, y la sentía
demasiado torpe. Con cuidado, sacó el arma de la vaina, y se la puso al nivel de los ojos.
El pomo era un trozo de piedra blanca, rellena de plomo para darle equilibrio con respecto a la
larga hoja. Estaba tallado en forma de cabeza de lobo con las fauces abiertas, y los ojos eran esquirlas
de granate. La empuñadura era de cuero virgen, suave y negro, aún no tenía manchas de sudor ni de
sangre. La hoja era un palmo más larga que la de las espadas a las que Jon estaba acostumbrado, apta
tanto para las estocadas como para los tajos, con tres canales profundos para aligerarla. Hielo era un
espadón auténtico, para manejarlo con las dos manos, mientras que aquélla se esgrimía con una o con
dos, y algunos la llamaban «espada de bastardos». Pese a su tamaño, resultaba más ligera que las que
había esgrimido en el
pasado. Jon giró la hoja, vio las ondulaciones en el acero oscuro, allí donde el metal había sido
plegado sobre sí mismo una y otra vez.
—Es acero valyriano, mi señor —dijo, intrigado. Su padre le había dejado manejar a Hielo a
menudo, así que reconocía el aspecto y el tacto.
—Así es —asintió el Viejo Oso—. Era la espada de mi padre, y también fue la de mi abuelo.
Lleva cinco siglos en poder de los Mormont. Yo también la esgrimí en mis tiempos, y se la entregué a
mi hijo cuando vestí el negro.
«Me regala la espada de su hijo», Jon apenas si se lo podía creer. El equilibrio de la hoja era
exquisito. El filo tenía un brillo tenue al recibir el beso de la luz.
—Vuestro hijo...
—Mi hijo deshonró a la Casa Mormont, pero al menos tuvo la amabilidad de dejar la espada
cuando se dio a la fuga. Mi hermana me la hizo llegar, pero sólo con verla recordaba el nombre de
Jorah, así que la guardé, y no volví a pensar en ella hasta que la encontré entre las cenizas de mi
dormitorio. El pomo original era una cabeza de oso forjada en plata, pero estaba tan usada que apenas
si se distinguía ya la forma. Pensé que un lobo blanco sería más apropiado para ti. Uno de los
constructores trabaja muy bien la piedra.
Cuando Jon tenía la edad de Bran, había soñado a menudo con llevar a cabo grandes hazañas,
el sueño típico de todos los niños. Los detalles de las hazañas iban cambiando, pero a menudo se
imaginaba que salvaba la vida de su padre. Después Lord Eddard declaraba que Jon había demostrado
que era un auténtico Stark, y le ponía a Hielo en la mano. Incluso en aquellos tiempos sabía ya que era
una tontería infantil, ningún bastardo podía esperar esgrimir la espada de un padre. Hasta el simple
recuerdo le daba vergüenza. ¿Qué clase de hombre arrebataba a su hermano su derecho de nacimiento?
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