canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Página 336

literatura fantástica
Juego de tronos
—¿ La muerte de quién, Ser Barristan?— La voz de la reina era suave como la seda, pero sus palabras llegaron a todos los rincones de la sala—. ¿ La vuestra, o la del rey?
— Dejaste morir a mi padre— le dijo Joffrey en tono acusador desde el Trono de Hierro—. Estás demasiado viejo para proteger a nadie.
Sansa vio cómo el caballero alzaba la vista hacia su nuevo rey. Hasta entonces nunca había aparentado los años que tenía, pero en aquel momento era anciano de verdad.
— Alteza— dijo—, se me eligió como Espada Blanca cuando tenía veintitrés años. Era lo máximo que había soñado, desde la primera vez que tuve una espada en la mano. Renuncié a todo derecho sobre mi herencia ancestral. La muchacha con la que iba a casarme contrajo matrimonio con mi primo. Yo no tenía necesidad de tierras, ni de hijos, viviría sólo por el reino. Fue el propio Ser Gerold Hightower quien escuchó mi juramento... proteger al rey con todas mis fuerzas... derramar mi sangre por él... Peleé junto al Toro Blanco, junto al príncipe Lewyn de Dorne... junto a Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer... Antes de servir a vuestro padre, serví como escudo al rey Aerys, y antes de él a su padre Jaehaerys... tres reyes...— Todos ellos muertos— señaló Meñique.— Vuestro tiempo ya ha pasado— anunció Cersei Lannister—. Joffrey necesita a su lado hombres jóvenes y fuertes. El Consejo ha decidido que Ser Jaime Lannister ocupará vuestro lugar como Lord Comandante de los Hermanos Juramentados de las Espadas Blancas.
— El Matarreyes— dijo Ser Barristan con desprecio—. El mal caballero que profanó su espada con la sangre del rey al que había jurado defender.
— Cuidado con lo que decís, ser— le advirtió la reina—. Habláis de nuestro querido hermano, que lleva la sangre del rey.
— No olvidamos vuestros servicios, buen caballero— intervino Lord Varys, más amable que los otros—. Lord Tywin Lannister ha accedido generosamente a concederos una generosa porción de tierra al norte de Lannisport, junto al mar, con oro y hombres suficientes para construir una fortaleza, y criados que atiendan todas vuestras necesidades.
— Una sala en la que morir y hombres para que me entierren— replicó Ser Barristan—. Os lo agradezco, mis señores... pero escupo sobre vuestra compasión.— Alzó la mano y soltó los broches con que se sujetaba la capa, y la pesada prenda blanca cayó de sus hombros al suelo. El yelmo fue a parar al suelo también—. Soy un caballero— añadió. Se abrió los cierres de plata de la coraza, y la dejó caer con lo demás—. Y moriré como un caballero.— Un caballero desnudo, a este paso— bromeó Meñique. Todos se echaron a reír: Joffrey en su trono, los señores que aguardaban de pie, Janos Slynt, la reina Cersei y Sandor Clegane, y hasta el resto de los hombres de la Guardia Real, los cinco que hasta hacía un instante habían sido sus hermanos.
« Seguro que esto es lo que más le ha dolido », pensó Sansa. Su corazón estaba con el valiente anciano que se encontraba allí, de pie, abochornado y sonrojado, demasiado furioso para decir nada. Por último, desenvainó la espada.
Sansa oyó una exclamación contenida. Ser Boros y Ser Meryn se adelantaron para enfrentarse a él, pero Ser Barristan los detuvo en el sitio con una mirada rebosante de desprecio.
— No temáis, señores, vuestro rey está a salvo... pero no gracias a vosotros. Incluso ahora podría acabar con los cinco tan fácilmente como si cortara queso con una daga. Si vais a servir a las órdenes del Matarre-yes, ninguno de vosotros es digno de vestir el blanco.— Tiró la espada al pie del Trono de Hierro—. Toma, niño. Fúndela y ponía con las demás si quieres. Te será más útil que las espadas que esgriman estos cinco. Puede que Lord Stannis se siente sobre ella cuando te quite el trono.
Salió de la sala por el camino más largo, con pasos que resonaban sonoros contra el suelo y levantaban ecos en las paredes de piedra desnuda. Las damas y los caballeros le abrieron paso. Hasta que no hubo traspasado las grandes puertas de roble y bronce, Sansa no oyó de nuevo los sonidos habituales de los susurros, las personas que se movían inquietas y los crujidos de los papeles sobre la mesa del Consejo.
— Me ha llamado niño— se quejó Joffrey, que en aquel momento no aparentaba su edad—. Y ha hablado de mi tío Stannis.— Pura palabrería— dijo Varys, el eunuco—. Sin la menor importancia...— Puede que esté intrigando con mis tíos. Quiero que lo apresen y lo interroguen.— Nadie se movió. Joffrey alzó la voz—. ¡ He dicho que quiero que lo apresen!— Mis capas doradas se encargarán de todo, Alteza— dijo Janos Slynt levantándose de la mesa del Consejo.
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