canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 285

literatura fantástica
Juego de tronos
Varys entró con una vaharada a lavanda, recién bañado, con el rostro regordete rosado y empolvado. Sus zapatillas apenas hacían ruido al caminar.
— Los pajarillos cantan hoy una canción triste— dijo al tiempo que se sentaba—. El reino llora. ¿ Comenzamos?— En cuanto llegue Lord Renly— respondió Ned.— Mucho me temo que Lord Renly ha salido de la ciudad— dijo Varys dirigiéndole una mirada apenada.—¿ Que ha salido de la ciudad?— Ned había contado con el apoyo de Renly.— Se marchó por una poterna una hora antes del amanecer, acompañado por ser Loras Tyrell y unos cincuenta hombres— dijo Varys—. La última vez que los vieron cabalgaban hacia el sur con cierta prisa. Su destino es sin duda Bastión de Tormentas, o bien Altojardín.
« Adiós a Renly y a sus cien espadas.» A Ned no le gustaba el cariz que estaba tomando aquello, pero no podía hacer nada. Sacó la última carta de Robert.
— El rey me llamó anoche y me ordenó que tomara nota de sus últimas palabras. Lord Renly y el Gran Maestre Pycelle sirvieron de testigos, y el propio Robert selló la carta, para que se abriera ante el Consejo después de su muerte. Ser Barristan, si sois tan amable... El Lord Comandante de la Guardia Real examinó el documento.— Es el sello del rey Robert, y está intacto.— Abrió la carta y la leyó—. Aquí dice que se nombra a Lord Eddard Stark Protector del Reino, y que actuará como regente hasta que el heredero alcance la mayoría de edad.
« Lo que pasa es que ya es mayor de edad », reflexionó Ned para sus adentros. Pero no dijo nada en voz alta. No confiaba en Pycelle ni en Varys, y el honor de Ser Barristan lo obligaba a proteger y defender al muchacho al que consideraba su nuevo rey. El anciano caballero no abandonaría fácilmente a Joffrey. El sabor del engaño le dejaba un regusto amargo en la boca, pero Ned sabía que debía proceder con suma cautela, mantener unido el Consejo y seguir el juego hasta que estuviera firmemente establecido como regente. Ya habría tiempo de sobra para enfrentarse al tema de la sucesión cuando Arya y Sansa estuvieran a salvo en Invernalia, y Lord Stannis llegara a Desembarco del Rey con todos sus hombres.
— Quiero pedir a este Consejo que me confirme como Lord Protector, cumpliendo los deseos de Robert— dijo Ned. Observó sus rostros, sin dejar de preguntarse qué pensamientos ocultaban los ojos entrecerrados de Pycelle, la sonrisita perezosa de Meñique y el nervioso aleteo de los dedos de Varys.
La puerta se abrió de repente. Tom el Gordo entró en la estancia.— Perdonad, mis señores, el mayordomo del rey insiste en... El mayordomo real entró e hizo una reverencia.— Señores, el rey exige que su Consejo Privado se presente de inmediato en el salón del trono.— El rey ha muerto— dijo Ned. Había dado por supuesto que Cersei actuaría con rapidez. La llamada no lo sorprendió—, pero iremos con vos, de todos modos. Tom, prepara una escolta, por favor.
Meñique ofreció el brazo a Ned para ayudarlo a bajar por las escaleras. Varys, Pycelle y Ser Barristan los siguieron de cerca. Junto a la entrada de la torre los esperaba una doble columna de hombres armados, ocho en total, con cotas de mallas y yelmos de acero. El viento agitó las capas grises de los guardias cuando cruzaron el patio. Por ningún lado se divisaba el escarlata de los Lannister, pero Ned se tranquilizó al ver el gran número de capas doradas que había junto a las murallas y en las puertas.
Janos Slynt los recibió en la puerta del salón del trono, con armadura ornamentada en oro y negro, y el yelmo con cresta bajo un brazo. El comandante hizo una reverencia rígida. Sus hombres abrieron las grandes puertas de roble, de seis metros de altura y con refuerzos de bronce. El mayordomo real los precedió hacia el interior.— Salve Su Alteza— entonó—, Joffrey de las Casas Baratheon y Lannister, el primero de su nombre, rey de los ándalos y los rhoynar y los primeros hombres, señor de los Siete Reinos y Protector del Reino.
Había un largo tramo hasta el otro extremo del salón, donde Joffrey aguardaba sentado en el Trono de Hierro. Ned, apoyado en Meñique, cojeó hacia el muchacho que decía ser el rey. Los demás lo siguieron. La primera vez que había recorrido aquel trayecto lo hizo a caballo, con la espada en la mano, y los dragones de los Targaryen vieron desde las paredes cómo obligaba a Jaime Lannister a bajarse del trono. Se preguntó si le costana igual de poco hacer descender a Joffrey.
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