canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 282
literatura fantástica
Juego de tronos
—¿Acaso me tomáis por un criado?
—No —respondió el maestre Aemon desde el fondo del sept. Clydas lo ayudó a levantarse—.
Te tomábamos por un hombre de la Guardia de la Noche... pero puede que fuera un error.
—¿Puedo retirarme? —preguntó Jon con frialdad. Tuvo que controlarse para no marcharse de
allí en aquel momento. ¿Esperaban que batiera mantequilla y cosiera jubones como una niña el resto
de su vida?
—Como desees —replicó Bowen Marsh.
Dareon y Sam salieron con él. Bajaron al patio en silencio. Ya en el exterior, Jon alzó la vista
hacia el Muro, que resplandecía bajo el sol mientras el hielo derretido se deslizaba por su superficie en
un centenar de dedos delgados. Jon estaba tan rabioso que parecía a punto de abandonarlo todo.
—Jon —le dijo Samwell Tarly, emocionado—, espera, ¿no te das cuenta de lo que han hecho?
—De lo único que me doy cuenta es de que Ser Alliser está detrás de todo esto —le contestó
Jon hecho una furia, volviéndose hacia él—. Quería humillarme y lo ha logrado.
—Los mayordomos están bien para ti o para mí, Sam —dijo Dareon mirando a Jon
fijamente—, pero no para Lord Nieve.
—¡Soy mejor espadachín y mejor jinete que ninguno de los otros! —gritó Jon—. ¡No es justo!
—¿A mí me hablas de justicia? —se buró Dareon—. La chica me estaba esperando desnuda
como el día en que vino al mundo. Me ayudó a entrar por la ventana, ¿y a mí me hablas de justicia? —
Se alejó de ellos, airado.
—No es ninguna deshonra ser mayordomo —dijo Sam.
—¿Crees que quiero pasarme el resto de la vida lavándole la ropa interior a un viejo?
—Ese viejo es el Lord Comandante de la Guardia Real —le recordó Sam—. Estarás con él día
y noche. Sí, le servirás el vino y le cambiarás las sábanas, pero también escribirás