literatura fantástica Juego de tronos
— Sí que los vería— insistió Grenn—. Los vería venir de lejos.
— En el Castillo Negro no hace falta un bosque de dioses.— El propio Mormont confirmó las dudas de Grenn—. El Bosque Encantado está al otro lado del Muro, donde estuvo en la Era del Amanecer, mucho antes de que los ándalos trajeran a los Siete del otro lado del mar Angosto. A media legua de aquí encontrarás un bosquecillo de arcianos, y quizá también a tus dioses.
— Mi señor.— La voz hizo que Jon se volviera, sorprendido. Samwell Tarly se había puesto en pie—. ¿ Puedo... puedo ir yo también? ¿ Puedo prestar juramento ante ese árbol corazón?—¿ La Casa Tarly también adora a los antiguos dioses?— quiso saber Mormont.— No, mi señor— respondió Sam con voz aguda, nerviosa. Jon sabía que los oficiales le daban un poco de miedo, y el Viejo Oso más que ninguno—. Me pusieron el nombre a la luz de los Siete, en el sept de Colina Cuerno, al igual que pasó con mi padre, con su padre y con todos los Tarly desde hace mil años.
—¿ Y por qué quieres renunciar a los dioses de tu padre y de su Casa?— preguntó Ser Jaremy
Rykker.— Ahora mi Casa es la Guardia de la Noche— dijo Sam—. Los Siete jamás respondieron a mis plegarias. Puede que los antiguos dioses lo hagan.
— Como quieras, muchacho— dijo Mormont. Sam se sentó de nuevo, y Jon hizo lo mismo—. Os hemos adjudicado cada uno a una orden, dependiendo de nuestras necesidades y vuestras habilidades.— Bowen Marsh se adelantó y le tendió un papel. El Lord Comandante lo desenrolló y empezó a leer—: Halder, a los constructores.— Halder asintió en gesto de aprobación—. Grenn, a los exploradores. Albett, a los constructores. Pypar, a los exploradores.— Pyp miró a Jon y movió las orejas—. Samwell, a los mayordomos.— Sam, suspiró de alivio y se secó el sudor de la frente con un pañuelo de seda—. Matthar, a los exploradores. Daeron, a los mayordomos. Todder, a los exploradores. Jon, a los mayordomos.
¿ A los mayordomos? Durante un instante Jon no dio crédito a lo que había oído. Seguro que Mormont se había equivocado al leer. Empezó a levantarse, abrió la boca para decir que era un error... y en aquel momento vio los ojos de Ser Alliser, clavados en él como dos esquirlas de obsidiana, y lo comprendió.
— Los primeros de cada orden os explicarán vuestros deberes.— El Viejo Oso enrolló el papel—. Los dioses os guarden, hermanos.
El Lord Comandante los honró con un amago de reverencia y se retiró. Ser Alliser se marchó con él, una sonrisa le aleteaba en los labios. Jon nunca había visto tan contento al maestro de armas.— Los exploradores, conmigo— exclamó Ser Jaremy Rykker cuando hubieron salido. Pyp se puso en pie muy despacio sin dejar de mirar a Jon. Tenía las orejas coloradas. Grenn sonreía, sin darse cuenta de que algo iba mal. Matt y Sapo siguieron también a Ser Jaremy para salir del sept.— Constructores— llamó Othell Yarwyck. Halder y Albett fueron con él. Jon miró a su alrededor, mareado, incrédulo. Los ojos ciegos del maestre Aemon estaban alzados hacia la luz que no podían ver. El septon estaba colocando cristales sobre el altar. En los bancos sólo quedaban Sam y Dareon; un chico gordo, un bardo... y él.
— Samwell, tú ayudarás al maestre Aemon con los pájaros y en la biblioteca.— El Lord Mayordomo Bowen Marsh se frotó las manos regordetas—. Chett pasará a las perreras. Ocuparás su celda, así estarás cerca del maestre día y noche. Confío en que lo cuidarás bien. Es muy anciano, y muy valioso para nosotros.
» Dareon, me han informado de que has cantado ante señores de gran alcurnia, y has compartido su pan y su aguamiel. A ti te enviaremos a Guardiaoriente. Puede que tu facilidad de palabra le sea de ayuda a Cot-ter Pyke cuando lleguen las galeras mercantes para comerciar. Pagamos demasiado por la carne en salazón y el pescado en escabeche, y el aceite de oliva que nos envían es cada vez peor. Cuando llegues, preséntate ante Bóreas, te dará algo que hacer entre barco y barco.— A continuación Marsh dirigió su sonrisa hacia Jon—. El Lord Comandante Mormont ha pedido que seas su mayordomo personal, Jon. Dormirás en una celda bajo sus habitaciones, en la torre del Lord Comandante.
—¿ Y cuáles serán mis obligaciones?— preguntó Jon con brusquedad—. ¿ Serviré las comidas al Lord Comandante, le ayudaré a abrocharse las ropas y le calentaré el agua para el baño?
— Desde luego.— Marsh había fruncido el ceño ante el tono de voz del muchacho—. También llevarás los mensajes que te ordene, mantendrás el fuego encendido en sus habitaciones, le cambiarás a diario las sábanas y las mantas, y harás cualquier cosa que él te ordene.
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