canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 271

literatura fantástica
Juego de tronos
Se detuvo junto al más grande de los tres hogares y escudriñó los rostros de los dothrakis. En la sala había cinco mil hombres, y sólo unos pocos de ellos conocían la lengua común. Pero, aunque sus palabras resultaran incomprensibles, sólo hacía falta verle la cara para saber que estaba borracho.
Ser Jorah se acercó rápidamente a él, le susurró algo al oído. Y lo agarró por el brazo, pero
Viserys se liberó de él.—¡ Quítame las manos de encima! ¡ Nadie toca al dragón sin su permiso! Dany lanzó una mirada ansiosa al banco más elevado. Khal Drogo decía algo a los otros khals.
Khal Jommo sonrió, y Khal Ogo soltó una risotada. Aquel sonido hizo que Viserys alzara la vista.— Khal Drogo— dijo con la lengua espesa, pero en tono casi educado—, he venido al festín.
— Se alejó tambaleante de Ser Jorah, como si fuera a reunirse con los tres khals en el banco alto. Khal Drogo se levantó, escupió una docena de palabras en dothraki tan deprisa que Dany no pudo entenderlas, y señaló con el dedo.— Khal Drogo dice que tu lugar no está en el banco alto— tradujo Ser Jorah para su hermano—. Khal Drogo dice que tu lugar es aquél.
Viserys miró en la dirección en la que señalaba el khal. Era un lugar al fondo de la larga sala, junto a la pared y oculto por las sombras; allí se sentaba lo más bajo de lo bajo, para que los hombres mejores no tuvieran 482 que soportar su presencia: los niños que aún no habían visto sangre, los hombres viejos de ojos turbios y articulaciones rígidas, los de inteligencia corta y los tullidos. Lejos de la carne, y más lejos aún del honor.— No es lugar para un rey— replicó su hermano.— Es lugar— replicó Khal Drogo en la lengua común que Dany le había enseñado—, para Rey de los Pies Sangrantes.— Dio unas palmadas—. ¡ Un carro! ¡ Traed carro para Khal Raggat!
Cinco mil dothrakis celebraron la ocurrencia con risotadas y gritos. Ser Jorah estaba de pie junto a Viserys, le gritaba algo al oído, pero el clamor era tal que Dany no alcanzó a oír qué le decía. Su hermano gritó algo a su vez, y los dos hombres se enzarzaron, hasta que Mormont derribó a Viserys al suelo.
Entonces su hermano desenvainó la espada. El acero desnudo reflejó el fuego de los hogares con un brillo rojizo.—¡ No te acerques a mí!— siseó Viserys. Ser Jorah retrocedió un paso, y su hermano se puso de pie, inseguro. Blandió sobre la cabeza la espada que el magíster Illyrio le había prestado para darle un aspecto más regio. Desde todos los puntos de la sala los dothrakis le gritaban y le lanzaban maldiciones.
Dany dejó escapar un grito de terror. Ella sabía qué significaba sacar allí la espada, aunque su hermano no lo comprendiera.
— Ahí está— dijo con una sonrisa. Al oírla, Viserys había vuelto la cabeza, como si la viera por primera vez. Avanzó hacia ella hendiendo el aire, como si se abriera paso entre sus enemigos, aunque nadie se había interpuesto en su camino.
— La espada... no debes...— le suplicó—. Por favor, Viserys. Está prohibido. Deja la espada, comparte mis cojines. Hay comida, bebida... ¿ quieres los huevos de dragón? Te los daré, pero suelta la espada.— Haz lo que te dice, idiota— le gritó Ser Jorah—. ¡ Vas a hacer que nos maten a todos!— No pueden matarnos— dijo Viserys entre risas—. En la ciudad sagrada no pueden derramar sangre... pero yo sí.— Puso la punta de la espada entre los pechos de Daenerys, y la fue deslizando por la curva de su vientre—. Vengo a buscar lo que es mío— dijo—. Quiero la corona que me prometió. Te compró, pero no te pagó. Dile que quiero que me pague, o te llevaré lejos. A ti y a los huevos. Si quiere, se puede quedar con su potrillo. Te lo sacaré de la barriga y se lo dejaré aquí.— La punta de la espada apartó las sedas y le pinchó el ombligo. Dany vio que Viserys estaba llorando. Llorando y riendo a la vez. Y aquel hombre había sido su hermano.
Muy lejos, como si fuera en otro mundo, Dany oyó los sollozos de su doncella Jhiqui, diciendo que no se atrevía a traducir aquello, que el khal la ataría a su caballo y la arrastraría hasta la Madre de las Montañas. Rodeó a la chica con un brazo.
— No tengas miedo— dijo—. Yo se lo contaré.— No sabía si conocía suficientes palabras, pero cuando terminó Khal Drogo pronunció unas cuantas frases secas en dothraki, y Dany supo que la había comprendido. El sol de su vida bajó del banco alto.
—¿ Qué ha dicho?— preguntó sobresaltado el hombre que había sido su hermano.
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