canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | страница 272

literatura fantástica
Juego de tronos
En la sala se había hecho un silencio tal que podía oír el tintineo de las campanillas en el pelo de Khal Drogo al caminar. Sus jinetes de sangre lo siguieron como tres sombras cobrizas. Daenerys se había quedado fría.
— Dice que tendrás una corona de oro tan espléndida que los hombres temblarán al contemplarla.
Viserys sonrió y bajó la espada. Aquello fue lo más triste, lo que más adelante desgarraría el alma, su manera de sonreír.— Eso es todo lo que quería— dijo—. Lo que me prometió. Cuando el sol de su vida llegó junto a ella, Dany le rodeó la cintura con un brazo. El khal dio una orden, y sus jinetes de sangre avanzaron. Qotho agarró por los brazos al hombre que había sido su hermano. Haggo le rompió la muñeca con un simple movimiento brusco de sus manos enormes. Cohollo le quitó la espada de sus flácidos dedos. Y ni siquiera entonces comprendió Viserys qué iba a suceder.— No— gritó—. ¡ No podéis tocarme, soy el dragón, el dragón, y quiero mi corona! Khal Drogo se soltó el cinturón. Los medallones eran enormes, de oro puro, muy ornamentados, cada uno de ellos tenía el tamaño de la mano de un hombre. Gritó una orden. Los esclavos de las cocinas sacaron un pesado caldero de hierro del hogar, derramaron el guiso por el suelo, y volvieron a ponerlo sobre las llamas. Drogo tiró su cinturón al interior y observó con rostro inexpresivo cómo los medallones se ponían al rojo y empezaban a deformarse. Dany vio cómo las llamas bailaban en sus ojos de ónice. Un esclavo le tendió un par de gruesos mitones de piel de caballo, y él se los puso sin siquiera mirarlo.
Viserys empezó a chillar, el grito agudo y sin palabras del cobarde que se enfrenta a la muerte. Pataleó, se retorció, lloriqueó como un perro y sollozó como un niño. Pero los dothrakis lo sujetaron con fuerza. Ser Jorah había conseguido llegar al lado de Dany. Le puso una mano en el hombro. 484— Daos la vuelta, princesa, os lo suplico.— No— respondió ella. Se puso las manos sobre el vientre en gesto protector.— Hermana, por favor...— Por fin Viserys había clavado la mirada en ella—. Dany, diles... haz que... hermanita... Cuando el oro estuvo medio fundido, casi líquido, Drogo cogió el caldero.—¡ Corona!— rugió—. Aquí. ¡ Una corona para Rey del Carro!— Y puso el caldero en la cabeza del hombre que había sido su hermano.
El sonido que emitió Viserys Targaryen cuando aquel espantoso yelmo de hierro le cubrió la cara no fue humano. Sus pies marcaron un ritmo frenético en el suelo de tierra, se agitaron y al final se detuvieron. Sobre el pecho le cayeron goterones de oro fundido, y la seda escarlata empezó a humear... pero no se derramó ni una gota de sangre. Dany se sentía extrañamente tranquila. « No era un dragón— pensó—. El fuego no mata a un dragón.»
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