canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 265

literatura fantástica Juego de tronos Robert le había hecho la misma pregunta, la mañana del combate. Le dio la misma respuesta. —Con toda mi alma. —Yo no amo menos a los míos. Ned se quedó pensativo un instante. «Si hubiera que llegar a eso, la vida de algún niño que no conozca contra la de Robb, Sansa o Arya, o la de Bran, o la de Rickon, ¿qué haría yo? Más aún, ¿qué haría Catelyn si se tratara de la vida de Jon contra la de alguno de los hijos de su vientre?» No sabía la respuesta. Rezó para no tener que averiguarla jamás. —Los tres son de Jaime —dijo. No era una pregunta. —Gracias a los dioses —asintió ella. «La semilla es fuerte», había gritado Jon Arryn en el lecho de muerte. Y así era. Todos los bastardos tenían el pelo negro como la noche. El Gran Maestre Malleon relataba el último matrimonio entre el venado y el león, había tenido lugar hacía noventa años, cuando Tya Lannister contrajo matrimonio con Gowen Baratheon, tercer hijo del señor reinante. Su único vastago, un varón sin nombre al que Malleon describía como «un bebé grande y lozano, nacido con la cabeza cubierta de pelo negro», había muerto a las pocas semanas. Treinta años antes un Lan-nister se había casado con una doncella Baratheon. Ella le había dado tres hijas y un hijo, todos de pelo negro. Por mucho que se retrocediera en la historia, y Ned lo había hecho a través de las páginas amarillentas y quebradizas, el oro siempre cedía ante el carbón. —Doce años —dijo—. ¿Cómo es que no habéis tenido hijos del rey? —Vuestro amigo Robert me preñó una vez —dijo con voz llena de desprecio y la cabeza alzada en gesto desafiante—. Mi her