canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 242
literatura fantástica
Juego de tronos
JON
—Sois los mocosos más inútiles que he entrenado jamás —les informó Ser Alliser Thorne
cuando estuvieron todos reunidos en el patio—. Tenéis unas manos que sólo valen para quitar el
estiércol a palazos, no para empuñar espadas, y si de mí dependiera os mandaría a todos a cuidar de los
cerdos. Pero anoche me dijeron que Gueren viene por el camino real con cinco chicos nuevos. Con
suerte alguno de ellos valdrá una mierda. Como tengo que hacerles sitio, he decidido pasaros a ocho al
Lord Comandante, para que haga con vosotros lo que le venga en gana. —Fue anunciando los
nombres uno a uno—. Sapo. Cabeza de Piedra. Uro. Amoroso. Espinilla. Mono. Ser Patán. —Por
último miró a Jon—. Y el Bastardo.
Pyp gritó de alegría y lanzó su espada al aire. Ser Alliser clavó en él sus ojos de reptil.
—A partir de ahora dirán que sois hombres de la Guardia de la Noche, pero si os lo creéis es
que sois más estúpidos que este mono de titiritero. No sois más que unos crios, estáis verdes, apestáis a
verano y, cuando llegue el invierno, caeréis como moscas. —Sin decir más, Ser Alliser Thorne se dio
media vuelta y se marchó.
El resto de los chicos se reunió en torno a los ocho elegidos entre risas, maldiciones y
felicitaciones. Halder dio un buen golpe a Sapo en las nalgas con el plano de la espada.
—¡Sapo, de la Guardia de la Noche! —exclamó.
Pyp anunció a gritos que un hermano negro debía ir a caballo, y se subió a los hombros de
Grenn. Ambos rodaron por el suelo entre puñetazos y gritos de júbilo. Dareon corrió a la armería y
regresó con un pellejo de tinto agrio. Se pasaron el vino de mano en mano, sonriendo como idiotas, y
sólo entonces advirtió Jon que Samwell Tarly estaba a solas, bajo un árbol muerto y sin hojas, en un
rincón del patio. Le ofreció el pellejo.
—¿Un trago de vino?
—No —dijo Sam sacudiendo la cabeza—, gracias, Jon.
—¿Estás bien?
—Muy bien, de verdad —mintió el muchacho gordo—. Me alegro mucho por todos vosotros.
—Se estremeció mientras intentaba fingir una sonrisa—. Algún día serás capitán de los exploradores,
como lo fue tu tío.
—Como lo es mi tío —lo corrigió Jon. Se negaba a aceptar que Benjen Stark hubiera muerto.
Antes de que pudiera añadir nada, Halder lo llamó a gritos.
—¡Eh! ¿Qué pasa, vas a beber tú sólo?
Pyp le arrebató el pellejo de las manos y se alejó, bailoteando entre risas. Grenn lo agarró por
el brazo, y Pyp retorció el pellejo, con lo que un chorro de tinto dio a Jon en la cara. Halder aulló en
tono de protesta por el desperdicio de aquel buen vino. Jon farfulló y se sacudió. Matthar y Jeren se
subieron al muro y empezaron a lanzarles bolas de nieve.
Cuando Jon consiguió liberarse, con el pelo lleno de nieve y el chaleco manchado de vino,
Samwell Tarly había desaparecido.
Aquella noche, Hobb Tresdedos preparó a los chicos una cena especial para celebrarlo. Jon
entró en la sala común y el propio Lord Mayordomo lo acompañó a un banco cerca del fuego. Los
hombres mayores le palmearon los brazos al pasar. Los ocho futuros hermanos devoraron un festín de
costillar de cordero asado con ajo y hierbas, adornado con ramitas de menta y con guarnición de puré
de nabos amarillos que nadaba en mantequilla.
—Viene de la mesa del mismísimo Lord Comandante —les dijo Bowen Marsh.
Había ensaladas de espinacas, garbanzos y nabiza, y de postre cuencos de arándanos helados y
natillas.
—Espero que no nos separen —dijo Pyp mientras se atiborraban alegremente.
—Yo espero que sí —dijo Sapo con una mueca—. Estoy harto de ver esas orejas que tienes.
—No os perdáis esto —se burló Pyp—. La sartén se aparta del cazo. Puedes estar seguro de
que a ti te harán explorador, para que estés lo más lejos posible del castillo. Si Manee Rayder ataca,
sólo tienes que levantarte el visor y enseñarle la cara; se largará con el rabo entre las piernas.
—Espero que me hagan explorador —replicó Grenn, el único que no se había reído.
—Y quién no —dijo Matthar.
Todos los que vestían el negro patrullaban el Muro, todos tenían que esgrimir las armas para
defenderlo, pero los exploradores eran los verdaderos combatientes de la Guardia de la Noche. Eran
los que cabalgaban más allá del Muro y recorrían el bosque embrujado y las montañas de hielo que se
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