canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 235
literatura fantástica
Juego de tronos
CATELYN
El cielo del este se tino de rosa y oro a medida que el sol salía sobre el Valle de Arryn.
Catelyn Stark, con las manos apoyadas en la piedra tallada del antepecho de la ventana, contempló
cómo la luz se difundía y el mundo pasaba del negro al añil y luego al verde, a medida que el
amanecer avanzaba por los prados y bosques. De las Lágrimas de Alyssa ascendían jirones de niebla
blanca, allí donde las aguas fantasmales caían por la ladera de la montaña e iniciaban el largo descenso
por la Lanza del Gigante. Catelyn sentía en el rostro el roce de algunas gotas.
Alyssa Arryn había visto morir asesinados a su esposo, a sus hermanos y a todos sus hijos,
pero en vida jamás derramó una lágrima. Por eso los dioses habían decretado que, tras su muerte, no
conociera el descanso hasta que su llanto empapase la tierra negra del Valle bajo la que yacían los
hombres a los que había amado y enterrado. Alyssa llevaba muerta seiscientos años, y ni una gota del
torrente había llegado jamás al suelo del valle, tan abajo. Catelyn se preguntó cómo sería la catarata de
sus lágrimas cuando muriese.
—Cuéntame todo lo demás —dijo.
—El Matarreyes está reuniendo sus huestes en Roca Casterly —respondió Ser Rodrik Cassel,
en la habitación, a su espalda—. Vuestro hermano nos escribe que ha enviado jinetes a la Roca para
exigir a Lord Tywin que explique sus intenciones, pero no ha obtenido ninguna respuesta. Edmure ha
ordenado a Lord Vanee y Lord Piper que guarden el paso bajo el Colmillo Dorado. Os jura que no
cederá ni un metro de tierra Tully sin antes regarlo con sangre Lannister.
Catelyn se apartó del amanecer. Tanta belleza no bastaba para aliviar su sombrío humor; era
una crueldad que un día comenzara con tanta hermosura y fuera a terminar de manera tan horrible
como todo indicaba.
—Edmure ha enviado jinetes y ha hecho juramentos —dijo—. Pero no es el señor de
Aguasdulces. ¿Qué pasa con mi padre?
—El mensaje de Lord Hoster no lo menciona, mi señora. —Ser Rodrik se tironeó de los
bigotes. Mientras se recuperaba de las heridas, le habían vuelto a crecer, blancos como la nieve e
hirsutos como un espino. Casi volvía a ser el mismo de antes.
—Mi padre no dejaría la defensa de Aguasdulces en manos de Edmure a menos que estuviera
muy enfermo —señaló, preocupada—-Debisteis despertarme en cuanto llegó el pájaro.
—Vuestra señora hermana pensó que sería mejor dejaros dormir. Me lo ha dicho el maestre
Colemon.
—Debisteis despertarme —insistió.
—Según el maestre, vuestra hermana pensaba hablar con vos después del combate —dijo Ser
Rodrik.
—¿Así que piensa seguir adelante con esta payasada? —Catelyn hizo una mueca—. El enano
la ha hecho bailar a su son y ella está tan sorda que no oye la música. Suceda lo que suceda esta
mañana debemos partir enseguida, Ser Rodrik. Mi lugar está en Invernalia, al lado de mis hijos. Si os
sentís con fuerzas para viajar, pediré a Lysa que nos proporcione escolta hasta Puerto Gaviota. Desde
allí seguiremos en barco.
—¿Otra vez en barco? —Ser Rodrik se puso algo verde, pero consiguió no estremecerse—.
Como ordenéis, mi señora.
El anciano caballero aguardó tras la puerta mientras Catelyn llamaba a las criadas que Lysa le
había asignado. Si hablaba con su hermana antes del duelo quizá consiguiera que cambiara de opinión,
pensó mientras la vestían. Los planes de Lysa cambiaban según sus estados de ánimo, y sus estados de
ánimo cambiaban a cada hora. La niña tímida que había sido en Aguasdulces se había convertido con
los años en una mujer que era, a ratos orgullosa, miedosa, cruel, soñadora, despiadada, tímida,
testaruda, soberbia y, sobre todo, inconstante.
Cuando el repugnante carcelero de Lysa había acudido a ellas para decirles que Tyrion
Lannister quería confesar, Catelyn suplicó a su hermana que hablaran con el enano en privado; pero
no, ella tenía que hacer de aquello un espectáculo ante la mitad del Valle. Y así habían ido las cosas...
—Lannister es mi prisionero —dijo a Ser Rodrik mientras bajaban por las escaleras de la
torre, en dirección a los fríos salones blancos del Nido de Águilas. Catelyn vestía una sencilla túnica
de algodón con cinturón plateado—. Habrá que recordárselo a mi hermana.
Junto a la entrada de las habitaciones de Lysa se encontraron con su tío, que salía hecho una
furia.
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