canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Página 225

literatura fantástica
Juego de tronos
En la celda hacía frío, el viento aullaba día y noche, y lo peor de todo era que el suelo estaba en pendiente. Una pendiente muy ligera, sí, pero más que suficiente. Tenía miedo de cerrar los ojos, de deslizarse rodando en sueños, y a menudo se despertaba aterrado ante la posibilidad de estar cayendo hacia el borde. No era de extrañar que las celdas del cielo volvieran locos a los hombres.
« Los dioses me salven, el azul me llama », había escrito algún ocupante previo en la pared, con algo que se parecía demasiado a la sangre. Al principio Tyrion había sentido curiosidad por la identidad y el destino del prisionero. Más adelante decidió que prefería no saber nada. Si hubiera cerrado la boca a tiempo... Todo lo había empezado el maldito crío, que lo miraba desde arriba en su trono de arciano labrado, bajo los pendones con la luna y el halcón que identificaban a la Casa Arryn. Tyrion Lannister estaba acostumbrado a que lo mirasen desde arriba, pero no a que lo hicieran crios de seis años con ojos legañosos que tenían que sentarse sobre cojines para ganar un poco de altura.—¿ Es el hombre malo?— había preguntado, aferrado a su muñeco.— Sí— respondió Lady Lysa, sentada a su lado en un trono menor. Iba vestida de azul, perfumada y empolvada en honor a los pretendientes que invadían la corte.—¡ Qué pequeño es!— dijo con una risita el señor del Nido de Águilas.— Es Tyrion el Gnomo, de la Casa Lannister, el que mató a tu padre.— La mujer alzó la voz para que la oyeran en todos los rincones de la Sala Alta del Nido de Águilas, para que las palabras resonaran contra las paredes blancas y las esbeltas columnas, para que todos los presentes la escucharan—. ¡ Él mató a la Mano del Rey!— Vaya, ¿ a él también lo maté yo?— bromeó Tyrion como un idiota. Luego se dio cuenta de que había perdido una inmejorable ocasión para quedarse callado, con la cabeza inclinada. Vaya si se dio cuenta. La Sala Alta de los Arryn era larga y austera, las paredes de mármol blanco con vetas azules tenían una frialdad abrumadora, pero más fríos aún eran los rostros que lo rodeaban. El poder de Roca Casterly quedaba muy lejano, y los Lannister no contaban con amigos en el Valle de Arryn. Su mejor defensa habría sido el silencio y la sumisión.
Pero Tyrion estaba de un humor de perros, demasiado cabreado para ejercer el sentido común. Se sentía avergonzado por haber flaqueado en el último tramo del ascenso hasta el Nido de Águilas, cuando las piernas atrofiadas se negaron a seguir sosteniéndolo. Bronn lo llevó a cuestas el resto del camino y aquella humillación no hizo más que añadir leña a las llamas de su ira.
— Pues qué ocupado he estado últimamente— dijo con amargo sarcasmo—. ¿ De dónde habré sacado tiempo para matar a tanta gente?
Debería haber recordado a quién se enfrentaba. Mientras estaban en la corte, Lysa Arryn y su hijo enfermizo y medio loco nunca disfrutaron con las muestras de ingenio, y menos si iban dirigidas contra ellos.
— Gnomo— dijo Lysa con tono gélido—, vigilad qué decís con esa lengua burlona, y cuando os dirijáis a mi hijo hacedlo con cortesía, u os aseguro que os daré motivos para lamentarlo. Recordad dónde estáis. Esto es el Nido de Águilas, los que os rodean son caballeros del Valle, hombres de verdad que querían a Jon Arryn. Todos y cada uno de ellos morirían por mí.
— Lady Arryn, si me sucede algo malo mi hermano Jaime estará encantado de encargarse de ese tema.— No había terminado de pronunciar aquellas palabras cuando se dio cuenta de que estaba cometiendo una locura.
—¿ Sabéis volar, mi señor de Lannister?— preguntó Lysa—. ¿ Acaso los enanos tienen alas? Si no es así, lo más sensato será que os traguéis la próxima amenaza que se os ocurra.— No era una amenaza— replicó Tyrion—, sino una promesa. Al oír aquello, el pequeño Lord Robert se puso en pie de un salto, tan sobresaltado que se le cayó el muñeco.—¡ No puedes hacernos daño!— gritó—. Aquí nadie puede hacernos daño. Díselo tú, madre, dile que aquí nadie puede hacernos daño.
— El Nido de Águilas es inexpugnable— declaró con tranquilidad Lysa Arryn. Atrajo a su hijo hacia ella, y lo estrechó entre los brazos blancos y gordezuelos—. El Gnomo quiere meternos miedo, cariñito. Los Lannister son todos unos mentirosos. Nadie le va a hacer daño a mi pequeñín.
Lo peor del caso era que la condenada mujer tenía razón. Tras ver lo que había costado llegar allí, a Tyrion no le resultaba difícil imaginar cómo sería el ascenso para un caballero, vestido con armadura, mientras le llovían piedras y flechas, y tenía que luchar contra enemigos para avanzar cada paso. La palabra « pesadilla » no bastaba para describir la situación. No era de extrañar que nadie hubiera tomado jamás el Nido de Águilas.
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