canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 210

literatura fantástica
Juego de tronos
Vio cómo le cortaban las patas al caballo de Jory, y cómo lo arrastraban al suelo, y cómo las espadas subían y bajaban sobre él. Cuando el caballo de Ned se puso en pie de nuevo él también intentó levantarse, pero cayó de nuevo con un grito ahogado. Vio el hueso astillado que le salía por la pantorrilla. Fue lo último que vio durante largo rato. La lluvia seguía cayendo.
Cuando abrió los ojos, Lord Eddard Stark estaba a solas con sus muertos. Su caballo se le acercó, olfateó el hedor rancio de la sangre y se alejó al galope. Ned empezó a arrastrarse por el barro, con los dientes apretados para no ceder ante el dolor insoportable. Le pareció que tardaba años. Desde las ventanas iluminadas por velas lo observaban muchos rostros y la gente empezó a salir de las puertas y los callejones, pero nadie acudió en su ayuda.
Meñique y la Guardia de la Ciudad lo encontraron allí, en la calle, acunando entre los brazos el cuerpo de Jory Cassel.
Los capas doradas consiguieron una litera, pero aun así el trayecto de vuelta al castillo fue una agonía, y Ned perdió el conocimiento en más de una ocasión. Más adelante recordaría la visión de la Fortaleza Roja, a la luz del alba. La lluvia había oscurecido la piedra rosada de los muros hasta darle el color de la sangre. Vio al Gran Maestre Pycelle inclinado sobre él, con una copa en la mano.— Bebed, mi señor— le susurró—. Es la leche de la amapola, para el dolor. Recordaba que la bebió, y que Pycelle decía a alguien que calentara el vino hasta que hirviera, y que le llevaran sedas limpias. Y luego ya no supo más.
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