canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 202
literatura fantástica
Juego de tronos
—Lady Stark —dijo, con una reverencia. Era un hombre corpulento, de torso como un
barril, y su inclinación resultó torpe y poco agraciada.
—Lord Néstor —dijo Catelyn mientras desmontaba ante él. No conocía a aquel hombre
más que por su reputación; era primo de Bronze Yohn, de una rama inferior de la Casa Royce,
pero aun así era un hombre importante por derecho propio—. Ha sido un viaje largo y agotador.
¿Puedo suplicaros la hospitalidad de vuestro techo?
—Mi techo es vuestro, mi señora —replicó Lord Néstor con voz áspera—. Pero vuestra
hermana, Lady Lysa, ha enviado un mensaje desde el Nido de Águilas. Quiere veros enseguida. El
resto de vuestro grupo se alojará aquí, e iniciarán el ascenso en cuanto amanezca.
—¿Qué tontería dices? —espetó a Lord Néstor su tío mientras desmontaba. Brynden Tully
no era hombre que midiera sus palabras—. ¿Ascender de noche, cuando ni siquiera hay luna
llena? Hasta Lysa sabe que eso es jugarse el cuello.
—Las muías conocen el camino, Ser Brynden —intervino una muchacha flaca, de
diecisiete o dieciocho años, dando un paso al frente junto a Lord Néstor. Tenía el pelo oscuro,
muy corto y lacio, llevaba ropas de montar de cuero y una cota de mallas ligera. Hizo una
reverencia a Catelyn, más elegante que la de su señor—. Os aseguro que no os pasará nada, mi
señora. Para mí será un honor guiaros. He subido de noche cientos de veces. Mychel dice que mi
padre debió de ser una cabra.
Su tono de voz era tan arrogante que Catelyn no pudo contener una sonrisa.
—¿Cuál es tu nombre, niña?
—Mya Piedra, para serviros, señora —respondió.
Aquello no le gustó, y tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la sonrisa. «Piedra» era
el nombre que se daba a los bastardos en el Valle, igual que «Nieve» en el norte, y «Flores» en
Altojardín. En cada uno de los Siete Reinos, la tradición imponía un apellido a los niños nacidos
sin un padre que se lo diera. Catelyn no tenía nada en contra de aquella muchacha, pero de pronto
no pudo evitar recordar al bastardo de Ned en el Muro. Aquello la hizo sentir furiosa y culpable a
la vez. Trató de pensar una respuesta.
Lord Néstor se encargó de llenar el silencio.
—Mya es una chica muy lista, si ella dice que os llevará sana y salva hasta Lady Lysa, yo la
creo. Jamás me ha fallado.
—En ese caso, Mya Piedra, me pongo en tus manos —dijo Catelyn—. Lord Néstor, os
encomiendo que vigiléis bien a mi prisionero.
—Y yo os encomiendo que llevéis al prisionero una copa de vino y un buen capón asado,
antes de que se muera de hambre —intervino Lannister—. Tampoco estaría mal tener una mujer, pero
me imagino que es pedir demasiado.
El mercenario Bronn soltó una carcajada. Lord Néstor hizo caso omiso de la burla.
—Como ordenéis, mi señora. —Sólo entonces se dignó a mirar al enano—. Acompañad al
señor de Lannister a una celda de la torre, y llevadle carne y aguamiel.
Catelyn se despidió de su tío y de los demás, y vio cómo se llevaban a Tyrion Lannister.
Luego siguió a la bastarda por el castillo. Tenían dos muías esperando en el patio superior, ya
estaban ensilladas. Mya la ayudó a montar, mientras un guardia con capa color azul celeste abría
una estrecha poterna. Al otro lado había un espeso bosque de pinos y abetos, y más allá la
montaña, semejante a un muro negro, pero allí estaban los escalones ascendentes, tallados en la
roca.
—Hay personas que prefieren cerrar los ojos —dijo Mya, al tiempo que guiaba a las muías
por la puerta y hacia el bosque oscuro—. Si les da miedo o se marean, se agarran demasiado
fuerte a las muías, y a ellas no les gusta.
—Soy una Tully, y contraje matrimonio con un Stark —dijo Catelyn—. No me asusto con
facilidad. ¿No vas a encender una antorcha? —Los escalones estaban negros como un pozo sin
fondo.
—Las antorchas sólo sirven para deslumbrar —contestó la chica con una mueca—. En las
noches claras como la de hoy, con la luna y las estrellas es más que suficiente. Mychel dice que
tengo ojos de búho. —Montó a lomos de su mula y la espoleó para que iniciara el ascenso. La
mula de Catelyn la siguió al instante. Los dos animales iban a un paso lento pero firme, que a ella
no le desagradó en absoluto.
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