canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Seite 182

literatura fantástica
Juego de tronos
—¡ Invernalia!— gritó Ser Rodrik, y se precipitó a su encuentro seguido por Bronn y Chiggen, que lanzaban gritos inconexos de batalla.
—¡ Harrenhal! ¡ Harrenhal!— exclamó Ser Willis Wode tras ellos, haciendo girar una maza con púas sobre la cabeza.
De repente a Tyrion le entraron unas ganas inmensas de ponerse en pie de un salto, blandir el hacha y gritar «¡ Roca Casterly!». Por suerte el ataque de locura apenas duró un segundo, y se encogió todavía más en su escondrijo.
Oyó los relinchos de los caballos asustados y el choque del metal contra el metal. La espada de Chiggen destrozó el rostro descubierto de un jinete que vestía cota de mallas, y Bronn cayó entre sus enemigos como un huracán, repartiendo golpes a diestro y siniestro. Ser Rodrik se enfrentó al hombretón de la capa de gatosombra, los caballos giraban el uno en torno al otro mientras ellos cambiaban golpe por golpe. Jyck montó a un caballo y se lanzó al galope al centro de la refriega. De repente, Tyrion vio que el hombre de la capa de gatosombra tenía una flecha en la garganta. Cuando abrió la boca para gritar, lo único que salió fue sangre. Cuando su cadáver llegó al suelo Ser Rodrik ya estaba peleando con otro hombre.
De pronto, Marillion dejó escapar un grito y se cubrió la cabeza con la lira. Un caballo salvó de un salto la roca tras la que se ocultaban. Mientras el jinete daba la vuelta para enfrentarse a ellos, haciendo girar una maza con púas, Tyrion consiguió ponerse en pie y blandir el hacha con ambas manos. La hoja se clavó en la garganta del caballo cuando éste cargó contra ellos, y el mango estuvo a punto de escapársele de las manos mientras el animal relinchaba y se derrumbaba. Consiguió recuperar el arma y apartarse del camino justo a tiempo. Marillion no tuvo tanta suerte: el caballo y su jinete cayeron justo encima del bardo. Tyrion retrocedió un paso aprovechando que la pierna del bandolero había quedado atrapada bajo la montura, y enterró el hacha en el cuello del hombre, por encima de los omoplatos. Oyó los gemidos de Marillion bajo los cadáveres mientras trataba de sacar el hacha.—¡ Que alguien me ayude! ¡ Los dioses tengan piedad de mí, estoy sangrando!— Creo que es sangre de caballo— replicó Tyrion. La mano del bardo salió de debajo del animal muerto, se clavaba en el polvo del suelo como una araña de cinco patas. Tyrion clavó el talón en los dedos engarfiados. El crujido que oyó le resultó de lo más satisfactorio—. Cierra los ojos y hazte el muerto— le aconsejó al tiempo que alzaba el hacha y se daba media vuelta.
Los acontecimientos se precipitaron. El amanecer se llenó de gritos y alaridos, y se impregnó del olor a sangre; y el mundo se sumergió en el caos. Las flechas silbaban junto a sus oídos e iban a estrellarse contra las rocas. Vio a Bronn, que luchaba descabalgado, con una espada en cada mano. Tyrion se mantuvo en los límites de la refriega, se deslizaba de una roca a otra y salía de entre las sombras para lanzar hachazos a las patas de los caballos que pasaban junto a él. Encontró a un enemigo herido, lo remató y se quedó con su yelmo. Le quedaba enorme, pero en aquel momento Tyrion agradecía cualquier tipo de protección. Jyck había recibido un tajo en la espalda al mismo tiempo que mataba al hombre que tenía delante, y más tarde Tyrion se encontró con el cadáver de Kurleket. Una maza había destrozado el rostro porcino, pero reconoció la daga que pudo recuperar de entre los dedos muertos. Se la estaba colgando del cinturón cuando oyó el grito de una mujer.
Catelyn Stark estaba atrapada contra la pared rocosa de la montaña y la rodeaban tres hombres, uno a caballo y dos a pie. Sujetaba como podía la daga en las manos heridas, pero estaba acorralada y sin posibilidad de escapar. « Que se carguen a la muy zorra— pensó Tyrion—, y que les aproveche », pero se encontró avanzando hacia ellos. Hirió al primer hombre en la parte trasera de la rodilla antes de que se dieran cuenta de su presencia, la pesada cabeza del hacha cortó la carne y el hueso como si se tratara de madera podrida. « Leña que sangra », pensó como un idiota mientras el segundo hombre se lanzaba contra él. Se agachó para esquivar el tajo de la espada, blandió el hacha, el hombre retrocedió... y Catelyn Stark lo agarró por detrás y le cortó la garganta. El jinete recordó de repente una cita inaplazable y se alejó al galope.
Tyrion miró a su alrededor. Todos los enemigos estaban muertos o habían desaparecido. Sin saber cómo, mientras no miraba, la pelea había terminado. Por doquier había caballos moribundos y hombres heridos que gemían y gritaban. Para su inmensa sorpresa, él no era uno de ellos. Abrió los dedos y dejó caer el hacha al suelo. Tenía las manos pegajosas de sangre. Habría jurado que la lucha había durado medio día, pero el sol apenas se había desplazado.
—¿ Ha sido tu primera batalla?— le preguntó Bronn más tarde, mientras le quitaba las botas a Jyck. Eran unas botas de buena calidad, como correspondía a un sirviente de Lord Tywin: de cuero grueso, flexible y bien engrasado, mucho mejores que las de Bronn. Tyrion asintió.
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