canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Seite 181

literatura fantástica
Juego de tronos
El grito les llegó desde un risco azotado por el viento, por encima de ellos. Ser Rodrik había enviado a Lharys a aquella roca para que vigilara el camino mientras ellos descansaban. Durante un largo segundo, nadie se movió. Catelyn Stark fue la primera en reaccionar.— Ser Rodrik, Ser Willis, a los caballos— ordenó—. Poned las otras monturas detrás de nosotros. Mohor, vigila a los prisioneros...—¡ Dadnos armas!— Tyrion se puso en pie de un salto y la agarró por el brazo—. Van a hacer falta todas las espadas.
Ella sabía que tenía razón, Tyrion se daba cuenta. A los clanes de la montaña no les importaban las enemistades entre las grandes Casas. Matarían con igual entusiasmo a un Stark que a un Lannister, de la misma manera que se mataban entre ellos. Quizá le perdonaran la vida a Catelyn Stark, todavía era joven y podía tener hijos. Pese a todo, la mujer titubeaba.—¡ Los oigo acercarse!— gritó Ser Rodrik. Tyrion giró la cabeza para escuchar, y él también lo oyó: cascos de al menos una docena de monturas, cada vez más cerca. De repente todos corrían, buscaban las armas y montaban a caballo.
Una lluvia de guijarros cayó sobre ellos cuando Lharys bajó del risco, mitad corriendo y mitad deslizándose. Fue a caer jadeante ante Catelyn Stark. Era un hombre de aspecto desgarbado, de debajo de su casco cónico de acero salían mechones de pelo color herrumbre.
— Son veinte hombres, puede que veinticinco— dijo, sin aliento—. Hermanos de la Luna o Serpientes de Leche, no sé. Deben de tener vigías, mi señora... nos han visto, saben dónde estamos.
Ser Rodrik Cassel estaba ya a caballo, con la espada en la mano. Mohor estaba acuclillado tras un peñasco, sujetaba la lanza de punta de hierro con ambas manos y tenía la daga entre los dientes.— Eh, tú, bardo— llamó Ser Willis Wode—. Ayúdame a ponerme la coraza. Marillion siguió paralizado en el sitio, aferrado a la lira y pálido como la leche, pero el criado de Tyrion, Morree, se puso en pie rápidamente y fue a ayudar al caballero con su armadura.
— No tenéis elección— le dijo Tyrion a Catelyn Stark; todavía no la había soltado—. Nosotros tres, y otro hombre desperdiciado para vigilarnos... Aquí arriba cuatro hombres pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte.— Dadme vuestra palabra de que dejaréis las armas en cuanto acabe la lucha.—¿ Mi palabra?— Los cascos de los caballos resonaban cada vez más cerca. Tyrion esbozó una sonrisa cargada de intención—. Oh, claro mi señora. Tenéis mi palabra... por mi honor de Lannister.— Dadles armas— dijo ella al final; durante un momento había pensado que le escupiría. Y se alejó al instante. Ser Rodrik lanzó a Jyck su espada con la vaina y se dio media vuelta para enfrentarse al primer enemigo. Morree cogió un arco y un carcaj, y clavó una rodilla en tierra junto al camino. Era mejor arquero que espadachín. Y Bronn cabalgó hasta Tyrion para ofrecerle un hacha de doble filo.
— Nunca he peleado con hacha.— No estaba cómodo con aquella arma extraña en las manos. Tenía el mango corto, la cabeza pesada y una púa amenazadora en la punta.
— Haz como si estuvieras cortando leña— replicó Bronn al tiempo que desenvainaba la espada larga que llevaba cruzada a la espalda.
Escupió y emprendió el trote hacia donde estaban Chiggen y Ser Rodrik. Ser Willis montó y fue a reunirse con ellos mientras se ponía como podía el casco, un jarro de metal con una pequeña hendidura para ver y una pluma larga de seda negra.
— La leña no sangra— dijo Tyrion sin dirigirse a nadie en concreto. Sin armadura, se sentía desnudo. Buscó una roca en los alrededores, corrió hacia donde se escondía Marillion y le gritó—: Échate a un lado.—¡ Lárgate!— le chilló el muchacho—. ¡ Soy bardo, no quiero tomar parte en esta lucha!—¿ Qué pasa, ya no tienes ganas de aventura?— Tyrion dio unas cuantas patadas al chico hasta que se apartó un poco. Justo a tiempo, porque al momento siguiente los jinetes cayeron sobre ellos.
No hubo heraldos, ni estandartes, ni cuernos ni tambores, sólo el sonido vibrante de las cuerdas de los arcos cuando Morree y Lharys empezaron a disparar. De repente los hombres del clan surgieron como un trueno en el amanecer; eran morenos, enjutos, llevaban corazas y armaduras de distintas procedencias, y ocultaban sus rostros tras medios yelmos con rejilla. En las manos enguantadas llevaban todo tipo de armas: espadas, lanzas, guadañas afiladas, garrotes con púas, dagas, pesadas mazas de hierro... A la cabeza del grupo cabalgaba un hombre corpulento, con una capa de piel rayada de gatosombra, armado con un enorme espadón que blandía con las dos manos.
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