canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 160
literatura fantástica
Juego de tronos
—Será un placer, mi señor —respondió el hermano negro.
El enano ni siquiera había mirado hacia el otro extremo de la sala, y Catelyn empezaba a dar
gracias por la multitud que abarrotaba los bancos, cuando Marillion se puso en pie de repente.
—¡Mi señor de Lannister! —gritó—. Sería un placer para mí animar vuestra cena. ¡Cantaré la
gran victoria de vuestro padre en Desembarco del Rey!
—¿Qué quieres, que se me indigeste la comida? —bufó el enano. Sus ojos desiguales se
clavaron un instante en el juglar, empezaron a apartarse de él... y se encontraron con los de Catelyn.
Ella giró el rostro, pero era demasiado tarde. El enano sonreía.
—Lady Stark, qué placer tan inesperado —dijo—. Sentí mucho no veros en Invernalia.
Marillion se la quedó mirando, y la confusión dejó paso al rubor al ver que Catelyn se ponía
lentamente en pie. La mujer oyó a Ser Rodrik maldecir entre dientes. Si el enano se hubiera
entretenido más en el Muro, pensó, si se hubiera...
—¿Lady... Stark? —dijo Masha Heddle sin apenas vocalizar las palabras.
—La última vez que me alojé aquí era todavía Catelyn Tully —dijo a la posadera. Escuchó los
murmullos a su alrededor, sintió todos los ojos clavados en ella. Miró a su alrededor, observó los
rostros de los caballeros y las espadas leales, y respiró hondo para controlar los latidos frenéticos de su
corazón. ¿Se atrevería a correr el riesgo? No tuvo tiempo para pensarlo, pasó un instante y su propia
voz le resonó en los oídos—. Tú, el del rincón —dijo a un hombre de edad avanzada en el que no se
había fijado hasta entonces—. Ese emblema que llevas bordado, ¿es el murciélago negro de Harrenhal,
ser?
—Sí, mi señora —respondió el hombre poniéndose en pie.
—¿Y es Lady Whent amiga fiel y sincera de mi padre, Lord Hoster Tully de Aguasdulces?
—Sin duda —respondió el hombre con firmeza.
Ser Rodrik se levantó con calma y se aflojó la vaina de la espada. El enano los miraba,
asombrado, con una expresión de desconcierto en los ojos desiguales.
—El corcel rojo siempre fue bienvenido en Aguasdulces —dijo Catelyn a los tres caballeros
sentados junto a la chimenea—. Mi padre considera a Jonos Bracken uno de sus abanderados más
antiguos y leales.
Los tres intercambiaron miradas indecisas.
—Su confianza honra a nuestro señor —dijo al final uno de ellos, aún titubeante.
—Envidio a vuestro padre por tener tantos y tan buenos amigos —intervino Lannister—, pero
no entiendo adonde pretendéis llegar, Lady Stark.
Catelyn no le hizo caso. Se volvió hacia el grupo numeroso que vestía de azul y gris. Eran más
de veinte, constituían la clave de su plan.
—También reconozco vuestro emblema: las torres gemelas de Frey. ¿Cómo se encuentra
vuestro señor?
—Lord Walder está muy bien, mi señora —contestó el capitán poniéndose en pie—. Tiene
intención de contraer matrimonio de nuevo en su nonagésimo día del nombre, y ha pedido a vuestro
señor padre que lo honre con su presencia en la ceremonia.
Tyrion Lannister disimuló una risita, y Catelyn supo que lo tenía en su poder.
—Este hombre entró en mi casa como invitado, y allí conspiró para asesinar a mi hijo, a un
niño de siete años —proclamó en voz alta para que
lo oyera toda la sala, al tiempo que señalaba al enano. Ser Rodrik se situó junto a ella,
espada en mano—. En nombre del rey Robert y de los buenos señores a los que servís, os ordeno
que lo apreséis y me ayudéis a llevarlo a Invernalia, donde se someterá a la justicia del rey.
No habría sabido decir qué le proporcionó mayor satisfacción: el sonido de una docena de
espadas que se desenvainaban al unísono o la expresión en el rostro de Tyrion Lannister.
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