canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 159

literatura fantástica Juego de tronos De otro espetón les sirvió cebolletas, guindillas y setas gruesas y jugosas. Ser Rodrik atacó la comida con entusiasmo mientras el muchacho corría a buscarles cerveza. —Me llamo Marillion —dijo el juglar al tiempo que tañía una cuerda de la lira—. Ya me habréis oído cantar por ahí... Los modales del muchacho hicieron sonreír a Catelyn. Los trovadores errantes rara vez se dirigían hacia el norte, y mucho menos llegaban a Invernalia, pero durante su infancia en Aguasdulces había conocido a muchos como él. —No, lo siento —dijo. —Vosotros os lo perdéis —replicó Marillion haciendo sonar otra nota—. ¿Cuál es el mejor juglar que habéis escuchado? —Alia de Braavos —respondió Ser Rodrik al instante. —Bah, yo soy mil veces mejor que ese vejestorio —replicó Marillion—. Será un placer demostrároslo, si tenéis una moneda de plata con que pagar una canción. —Tengo un par de monedas de cobre, pero antes las tiraría a un pozo que pagar por escuchar tus aullidos —gruñó Ser Rodrik. Toda Invernalia conocía bien su opinión acerca de los juglares. La música estaba bien siempre que fuera cosa de mujeres, pero no comprendía por qué un muchacho sano querría llevar un arpa en la mano pudiendo esgrimir una espada. —Tu abuelo tiene el carácter agriado —dijo Marillion a Catelyn—. Sólo pretendía entonar un cántico en honor a tu belleza. Lo cierto es que nací para cantar ante reyes y grandes señores. —Es evidente —dijo Catelyn—. Tengo entendido que a Lord Tully le gusta mucho la música. Supongo que habrás estado en Aguasdulces. —Mil veces —asintió el juglar con ligereza—. Me tienen una habitación reservada, y el joven señor es como un hermano para mí. Catelyn sonrió, imaginando qué diría Edmure de oír aquello. En cierta ocasión un juglar se había acostado con la chica que le gustaba a su hermano, y desde entonces detestaba a todo el gremio. —¿Y qué hay de Invernalia? —le preguntó—. ¿Has viajado hacia el norte? —¿Para qué? —Marillion se encogió de hombros—. Allí no hay más que ventisqueros y pieles de oso, y los Stark no entienden de otra música que no sea el aullido de los lobos. Catelyn oyó que la puerta de la posada de abría y se cerraba al otro extremo de la sala. —Posadera —gritó tras ella la voz de un criado—. Necesitamos establo y comida para nuestros caballos, y mi señor de Lannister exige una habitación y un baño caliente. —Oh, dioses —empezó Ser Rodrik antes de que Catelyn tuviera tiempo de silenciarlo apretándole el brazo con fuerza. —Lo siento mucho, mi señor —decía Masha Heddle haciendo reverencias y exhibiendo su espantosa sonrisa roja—, pero no tenemos sitio, ni una habitación. Catelyn vio que eran cuatro: un viejo con el uniforme de la Guardia de la Noche, dos criados... y él, diminuto y osado, su pesadilla. —Mis hombres pueden dormir en el establo, y en cuanto a mí... tú misma puedes ver que no me hace falta una habitación muy grande. Sonrió burlón—. Con que haya fuego en la chimenea y las pulgas del colchón no sean multitud, me doy por satisfecho. —Es que no hay nada, mi señor. —Masha Heddle estaba desesperada—. Os digo la verdad. Es por el torneo, no tengo... Tyrion Lannister se sacó una moneda del monedero, la lanzó al aire, la volvió a coger y la lanzó de nuevo. Hasta Catelyn, sentada al otro extremo de la sala, vio que era de oro. —Podéis dormir en mi habitación, mi señor —dijo un mercenario de capa azul descolorida poniéndose en pie. —He aquí un hombre inteligente —dijo mientras le lanzaba la moneda. El mercenario la atrapó en el aire—. Y hábil, para más señas. —El enano se volvió de nuevo hacia Masha Heddle—. Espero que no haya problemas para darnos de comer. —Os serviré lo que queráis, mi señor, lo que queráis —le aseguró la posadera. «Y ojalá se te atragante», pensó Catelyn, pero la imagen que le vino a la mente fue la de Bran atragantándose, ahogándose en su propia sangre. —Mis hombres tomarán lo mismo que estés sirviendo a esta gente —dijo Lannister después de echar un vistazo a lo que había en las mesas más cercanas—. Ración doble, ha sido un viaje muy largo. Yo quiero un ave asada, pollo, pato, pichón, lo que sea. Y una jarra de tu mejor vino. ¿Quieres cenar conmigo, Yoren? 159