canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | страница 152
literatura fantástica
Juego de tronos
Stannis se retiró a Rocadragón, la fortaleza isleña de los Targaryen que él mismo había conquistado en
nombre de su hermano. No había dicho cuándo pensaba regresar.
—¿A dónde iban cuando salían a caballo?
—Según el chico, visitaban un burdel.
—¿Un burdel? —se sorprendió Ned—. ¿El señor del Nido de Águilas y Mano del Rey iba a
un burdel con Stannis Baratheon?
Sacudió la cabeza, incrédulo, pensando en lo que diría Lord Renly si supiera aquello. Las
aventuras de Robert eran tema de canciones de taberna en todo el reino, pero Stannis era muy
diferente. Apenas tenía un año menos que el rey, y no se le parecía en nada: era austero, adusto, y su
sentido del deber rozaba el fanatismo.
—El chico está seguro. Dice que la Mano se llevaba tres hombres corno escolta, y que ellos
bromeaban mientras les cuidaban los caballos.
—¿A qué burdel iban?
—Él no lo sabía. Los guardias lo sabrán.
—Lástima que Lysa se los llevara —gruñó Ned—. Los dioses nos ponen todos los
impedimentos que pueden. Lady Lysa, el maestre Colemon, Lord Stannis... todo el que podía saber
qué le sucedió a Jon Arryn está a mil leguas.
—¿Vais a hacer venir a Lord Stannis de Rocadragón?
—Todavía no —dijo Ned—. Esperaré a tener una idea más precisa de qué está pasando, y de
su papel en esto.
Aquel asunto lo tenía muy preocupado. ¿Por qué se había marchado Stannis? ¿Había tenido
algo que ver con el asesinato de Jon Arryn? ¿O había tenido miedo? A Ned le costaba imaginar algo
capaz de atemorizar a Stannis Baratheon, que en el pasado había soportado un año de asedio en
Bastión de Tormentas, sobreviviendo a base de ratas y del cuero de las botas, mientras en el exterior
Lord Tyrell y Lord Redwyne organizaban festines a la vista de sus muros.
—Tráeme el jubón, por favor. El gris, el que tiene el emblema del lobo huargo. Quiero que el
armero sepa quién soy. Igual eso lo vuelve más sincero.
—Lord Renly es tan hermano de Lord Stannis como del rey —dijo Jory mientras se dirigía
hacia el guardarropa.
—Pero por lo visto no lo invitaban a esas expediciones.
Ned no sabía que pensar de Renly, siempre tan amistoso y sonriente. Hacía pocos días Renly
lo había llevado aparte para mostrarle un exquisito medallón de oro en forma de rosa. Dentro había un
retrato en miniatura, del vivido estilo myriano, que representaba a una hermosa joven con ojos de
gacela y una cascada de suave cabello castaño. Renly parecía muy deseoso de saber si la chica le
recordaba a alguien, y cuando Ned se encogió de hombros por toda respuesta se mostró decepcionado.
Le confesó que la dama era la hermana de Loras Tyrell, Margaery, pero algunos decían que se parecía
a Lyanna.
—Pues no —le había respondido Ned, divertido. ¿Sería posible que Renly, tan parecido a
Robert de joven, se hubiera encaprichado de la chica que consideraba una nueva Lyanna? Le pareció
una extravagancia.
Jory le tendió el jubón y le ayudó a ponérselo.
—Puede que Lord Stannis regrese para el torneo de Robert —dijo mientras Jory le anudaba la
prenda por la espalda.
—Sería todo un golpe de suerte, mi señor.
Ned sonrió, sombrío, mientras se colgaba una espada larga del cinto.
—En otras palabras, que es improbable.
Jory le puso la capa sobre los hombros y se la cerró en la garganta con el broche propio del
cargo de la Mano.
—El herrero vive sobre su taller, en una casa grande al comienzo de la calle del Acero. Alyn
conoce el camino, mi señor.
Ned asintió.
—Los dioses ayuden al criado si me está haciendo perder el tiempo.
Era una pista muy pequeña en la que depositar sus esperanzas, pero el Jon Arryn que Ned
Stark había conocido no era de los que se ponían armaduras de plata enjoyadas. El acero era el acero.
Servía para protegerse, no para adornarse. Podía haber cambiado, claro. No sería el primero que veía
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