canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 151

literatura fantástica Juego de tronos
Harwin estaba de guardia cuando Ned volvió a la Torre de la Mano.— Di a Jory que acuda a mis habitaciones, y pídele a tu padre que ensille mi caballo— ordenó Ned con cierta brusquedad.— Sí, mi señor. Mientras subía por las escaleras, Ned pensó que la Fortaleza Roja y el torneo de la Mano lo exasperaban hasta límites inimaginables. Añoraba el refugio de los brazos de Catelyn, el ruido de las espadas de Robb Y Jon al chocar en el patio de entrenamientos, los días frescos y las noches frías del norte.
Una vez en sus habitaciones se despojó de las ropas de seda con que acudía al Consejo, y centró su atención en el libro mientras aguardaba la llegada de Jory. Linajes e historia de las Grandes Casas de los Siete Reinos, con muchas descripciones de nobles caballeros, damas y sus descendientes, obra del Gran Maestre Malleon. Pycelle le había dicho la verdad, no era una lectura amena en absoluto. Pero Jon Arryn se había interesado por aquel libro, y Ned estaba seguro de que tenía algún motivo. En aquellas páginas amarillentas y quebradizas se ocultaba algo, algún hecho importante. Pero, ¿ cuál? Aquel tomo tenía más de cien años. Apenas quedaba algún hombre con vida de los nacidos cuando Maellon compiló su polvorienta lista de matrimonios, nacimientos y defunciones.
Volvió a abrirlo por el capítulo relativo a la Casa Lannister y fue pasando las páginas, con la vana esperanza de encontrar la clave en el momento menos pensado. Los Lannister eran una familia antigua, sus orígenes se remontaban a Lann el Astuto, un embaucador de la Edad de los Héroes, tan legendario como Bran el Constructor, aunque mucho más apreciado por juglares y narradores. En las canciones, Lann conseguía sacar a los Casterly de Roca Casterly sin más arma que su ingenio, y robaba el oro del sol para dar brillo a los rizos de su cabello. A Ned le habría gustado contar con su ayuda en aquel momento, a ver si conseguía sacar la verdad oculta en aquel condenado libro.
Un golpe brusco en la puerta anunció la llegada de Jory Cassel. Ned cerró el tomo de Malleon y le dijo que entrara.
— He prometido ceder veinte hombres a la Guardia de la Ciudad hasta que acabe el torneo— dijo—. Te encomiendo que los elijas. Pon a Alyn al mando, y asegúrate bien de que los hombres comprenden que su misión es poner fin a las reyertas, no iniciarlas.— Ned se levantó, abrió un arcón de cedro y sacó ropa interior de lino ligero—. ¿ Has encontrado al mozo de cuadras?
— Al guardia, mi señor— lo corrigió Jory—. Jura que no volverá a tocar un caballo en lo que le queda de vida.—¿ Te ha dicho algo interesante?— Asegura que conocía bien a Lord Arryn. Que eran amigos íntimos.— Jory dejó escapar un bufido—. Dice que la Mano daba a cada chico una moneda de cobre en su día del nombre. Que se le daba bien tratar a los caballos. No los presionaba demasiado, y les llevaba zanahorias y manzanas, así que los animales se ponían contentos al verlo.— Zanahorias y manzanas— repitió Ned. Por lo visto aquel chico iba a ser aún menos útil que los otros. Y era el último de los cuatro que había mencionado Meñique. Jory había hablado con todos, uno por uno. Ser Hugh se mostró brusco y poco propenso a colaborar, tan arrogante como sólo podía serlo un caballero recién nombrado. Si la Mano quería hablar con él, estaría encantado de recibirlo, pero no permitiría que lo interrogara un simple capitán de la guardia... ni aunque dicho capitán fuera diez años mayor que él, y cien veces mejor espadachín. La sirvienta, por lo menos, había sido amable. Comentó que no era bueno que Lord Jon leyera tanto, que parecía melancólico y estaba muy preocupado por la frágil salud de su hijito, y que siempre discutía con su esposa. El antiguo criado, ahora zapatero, jamás había intercambiado dos palabras con Lord Jon, pero sabía multitud de chismorreos: el señor había discutido con el rey, el señor apenas si probaba su comida, el señor iba a enviar a su hijo como pupilo a Rocadragón, el señor estaba muy interesado en la cría de perros de caza, el señor había visitado a un maestro armero para encargarle una armadura nueva, forjada en plata, con un halcón de jaspe y una luna de madreperla en el pecho. El propio hermano del rey había ido con él para elegir el diseño, según el criado. No, Lord Renly no, el otro, Lord Stannis.—¿ Y el guardia recordaba algo más de interés?— Asegura que Lord Jon era tan fuerte como un hombre que tuviera la mitad de sus años. Iba a menudo a cabalgar con Lord Stannis. « Otra vez Stannis », pensó Ned. Aquello era extraño. Jon Arryn y Lord Stannis siempre mantuvieron una relación cortés, no amistosa. Y cuando Robert emprendió el viaje hacia Invernalia,
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