literatura fantástica
Juego de tronos
— Lyanna era hermosa— dijo Arya, extrañada. Eso lo decía todo el mundo. En cambio nadie lo decía de ella.
— Cierto— asintió Eddard Stark—. Hermosa y voluntariosa, y murió joven.— Alzó la espada y la interpuso entre ellos dos—. ¿ Qué pensabas hacer con... Aguja, Arya? ¿ A quién querías ensartar? ¿ A tu hermana? ¿ A la septa Mordane? ¿ Sabes lo primero que hay que saber de la lucha con espada?
— Hay que clavarla por el extremo puntiagudo.— Lo único que recordaba era la lección que le había dado Jon.— Bueno, sí, eso es lo esencial.— A su padre se le escapó la carcajada. Arya necesitaba con desesperación que la comprendiera, que viera las cosas como ella.— Estaba intentando aprender, pero...— Se le llenaron los ojos de lágrimas—. Le pedí a Mycah que entrenara conmigo.— Se rompieron las compuertas y el dolor la recorrió como una oleada. Se dio la vuelta, temblorosa—. Se lo pedí yo— sollozó—. Fue culpa mía, fue culpa...
Su padre la abrazó, la sostuvo con dulzura y le dio la vuelta para que sollozara contra su pecho.— No, pequeña, no— murmuró—. Llora por tu amigo, pero no te culpes. Tú no mataste al hijo del carnicero. El crimen lo cometieron el Perro y la mujer cruel a la que sirve.
— Los odio— le confió Arya con el rostro enrojecido y la nariz goteando—. Al Perro y a la reina y al rey y al príncipe Joffrey. Los odio a todos. Joffrey mintió, no fue como él dijo. Y también odio a Sansa. Sí que se acordaba, pero mintió para gustarle a Joffrey.
— Todos mentimos— dijo su padre—. ¿ O de verdad piensas que me creí que Nymeria escapó?— Jory me prometió que no se lo contaría a nadie.— Arya se había sonrojado.— Y mantuvo su palabra— dijo él con una sonrisa—. No necesito que me cuenten ciertas cosas. Hasta un ciego vería que esa loba jamás te habría abandonado por su voluntad.
— Tuvimos que tirarle piedras— sollozó Arya—. Le dije que se fuera, que era libre, que ya no la quería. Que se marchara a jugar con otros lobos, los oíamos aullar y Jory dijo que en los bosques había muchos animales, así que podría cazar y comer ciervos. Pero aun así me seguía, y al final tuvimos que tirarle piedras. Yo le di dos veces. Lloró y me miró de una manera que me hizo sentir mucha vergüenza, pero era lo que tenía que hacer, ¿ verdad? Si no, la reina la habría matado.
— Era lo que tenías que hacer— le aseguró su padre—. Y hasta en aquella mentira... había cierto honor.
Había dejado a Aguja a un lado para abrazar a Arya. Volvió a coger la espada y se dirigió hacia la ventana. Allí se quedó un momento, observando el patio. Al final se volvió hacia ella con mirada pensativa. Se sentó en la silla junto a la ventana, con Aguja en el regazo.
— Siéntate, Arya. Tengo que explicarte unas cuantas cosas.— La niña, nerviosa, se acomodó al borde de la cama—. Eres demasiado pequeña para cargar con mis preocupaciones, pero también eres una Stark de Invernalia. Ya conoces nuestro lema.— Se acerca el Invierno— susurró ella.— Los tiempos duros y crueles— asintió su padre—. Los probamos en el Tridente, pequeña, y también cuando Bran se cayó. Naciste durante el largo verano, no has conocido otra cosa, pero ahora el invierno se acerca de verdad. ¿ Te acuerdas también del emblema de nuestra Casa?
— El lobo huargo— dijo ella, con la imagen de Nymeria en la mente. Se abrazó las rodillas contra el pecho. De repente tenía mucho miedo.
— Te voy a contar algo sobre los lobos, hija. Cuando cae la nieve y sopla el viento blanco, el lobo solitario muere pero la manada sobrevive. El verano es tiempo para riñas y altercados. En invierno tenemos que protegernos entre nosotros, darnos calor mutuamente, unir las fuerzas. Así que, si quieres odiar a alguien, Arya, odia a aquellos que nos harían daño. La septa Mordane es una buena mujer, y Sansa... Sansa es tu hermana. Sois diferentes como el día y la noche, pero por vuestras venas corre la misma sangre. La necesitas, y ella te necesita a ti. Y que los dioses me ayuden, porque yo os necesito a las dos.
— No odio a Sansa— dijo Arya. Su padre parecía tan cansado que se puso triste—. Lo digo de mentira.— Era sólo verdad a medias.
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