canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Page 113

literatura fantástica Juego de tronos TYRION —¿Seguro que queréis dejarnos tan pronto? —le preguntó el Lord Comandante. —Completamente seguro, Lord Mormont —respondió Tyrion—. Mi hermano Jaime ya se estará preguntando qué me ha pasado. Igual piensa que me habéis convencido para vestir el negro. —Ojalá pudiera. —Mormont cogió una pata de centollo y la partió con las manos. El Lord Comandante era viejo, pero seguía teniendo la fuerza de un oso—. Sois un hombre de gran astucia, Tyrion. En el Muro hacen falta hombres como tú. —Si es así —dijo Tyrion con una sonrisa—, haré que reúnan a todos los enanos de los Siete Reinos y os los envíen, Lord Mormont. Se echaron a reír. El anciano se comió la carne de una pata de centollo y cogió otra. Les habían llegado aquella mañana de Guardiaoriente, en un barril de nieve, y estaban deliciosos. —Lannister se está burlando de nosotros. —Ser Alliser Thorne había sido el único hombre en la mesa que ni siquiera esbozó una sonrisa. —Sólo de vos, Ser Alliser —dijo Tyrion. Sonaron de nuevo las carcajadas, pero esta vez tenían un matiz nervioso, inseguro. —Tenéis una lengua muy larga para no ser ni medio hombre —le espetó Thorne clavándole los ojos negros llenos de desprecio—. ¿Qué os parece si salimos los dos al patio? —¿Para qué? —preguntó Tyrion—. Los centollos están aquí. Aquello provocó más carcajadas. Ser Alliser se levantó, con los labios muy apretados. —Salgamos y repetid vuestras bromas con un acero en la mano. —Vaya, Ser Alliser —dijo Tyrion examinándose la mano derecha—, si ya tengo acero en la mano, aunque parece un tenedor para marisco. ¿Queréis batiros en duelo? —Se subió a la silla de un salto y pinchó repetidamente el pecho de Thorne con el diminuto instrumento. Las carcajadas llenaron la sala de la torre. Al Lord Comandante se le escaparon trocitos de centollo de la boca y estuvo a punto de ahogarse. Hasta el cuervo se unió al regocijo general, graznando desde la ventana: «¡Duelo! ¡Duelo! ¡Duelo!». Ser Alliser Thorne salió de la habitación, tan rígido como si tuviera una daga clavada en el culo. Mormont seguía tratando de recuperar la respiración. Tyrion le dio unos golpecitos en la espalda. —El vencedor se queda con el botín —exclamó—. Reclamo para mí los centollos que correspondían a Thorne. —Ha sido muy cruel por vuestra parte provocar así a nuestro estimado Ser Alliser —lo reprendió el Lord Comandante cuando consiguió por fin recuperarse. —Si alguien se dibuja una diana en el pecho —dijo Tyrion después de sentarse y beber un sorbo de vino— tiene que ser consciente de que tarde o temprano le van a lanzar flechas. He visto cadáveres con más sentido del humor que vuestro estimado Ser Alliser. —No creáis —intervino el Lord Mayordomo, Bowen Marsh, un hombre tan redondo y sonrosado como una granada—. Si supierais los apodos que pone a los chicos que entrena... —Seguro que los chicos también le han puesto algún que otro mote —dijo Tyrion, que había oído algunos de aquellos apodos—. Quitaos la venda de los ojos, amigos. Ser Alliser Thorne debería estar limpiando los establos, no entrenando a vuestros jóvenes. —Si de algo no anda precisamente escasa la Guardia es de mozos de cuadras —gruñó Lord Mormont—. Últimamente no nos envían otra cosa. Mozos de cuadras, rateros y violadores. Ser Alliser es un caballero ungido, uno de los pocos que han vestido el negro desde que soy Lord Comandante. Peleó con gran valor en Desembarco del Rey. —En el bando que no debía —señaló Ser Jaremy Rykker con tono seco—. Lo sé bien, yo estaba con él en las almenas. Tywin Lannister nos dio a elegir: vestir el negro o ver nuestras cabezas clavadas en picas antes de la noche. No os ofendáis, Tyrion. —No me ofendo, Ser Jaremy. Mi padre es muy aficionado a las cabezas clavadas en picas, sobre todo si pertenecen a alguien que le haya molestado. Vos tenéis un rostro noble, no me cabe duda de que os imaginaba ya decorando la ciudad sobre la Puerta del Rey. Habríais sido un adorno espléndido. —Muchas gracias —respondió Ser Jaremy con sonrisa sardónica. El Lord Comandante Mormont carraspeó. 113