canciones de hielo y fuego Cancion de hielo y fuego 1 | Seite 104
literatura fantástica
Juego de tronos
—Aquí a nadie le importa dónde duermes —dijo Jon encogiéndose de hombros—. Casi todos
los torreones están vacíos, puedes elegir la celda que te dé la gana.
En el pasado el Castillo Negro había albergado a cinco mil soldados, cada uno con caballos,
criados y armas. Ahora los ocupantes no eran ni la décima parte, y algunas edificaciones se estaban
desmoronando.
La carcajada de Tyrion Lannister se elevó con una nube de vapor en el aire frío.
—Le diré a tu padre que arreste a unos cuantos albañiles más, antes de que tu torre se
derrumbe.
Jon detectó el sarcasmo, pero la verdad era innegable. La guardia había construido once
grandes fortalezas a lo largo del Muro, pero sólo tres de ellas estaban ocupadas por aquel entonces:
Guardiaoriente, en la orilla gris barrida por los vientos; la Torre Sombría, junto a las montañas donde
terminaba el Muro, y entre ellas el Castillo Negro, al final del camino real. Las otras fortalezas
llevaban largo tiempo desiertas, y eran lugares solitarios, fantasmales, donde los vientos helados
silbaban a través de ventanas negras y los espíritus de los muertos paseaban por los parapetos.
—Para mí es mejor estar solo —dijo Jon, testarudo—. A los demás chicos les da miedo
Fantasma.
—No son tontos —dijo Lannister. Cambió de tema de repente—. Oye, se dice que tu tío está
muy lejos.
Jon recordó lo que había deseado en medio de la rabia, la visión de Benjen Stark muerto en
medio de la nieve, y esquivó la mirada de su acompañante con rapidez. El enano percibía demasiadas
cosas, y no quería que le viera la culpa en los ojos.
—Dijo que estaría de vuelta antes del día de mi nombre —admitió. Su día del nombre había
llegado y pasado desapercibido hacía ya dos semanas—. Iban en busca de Ser Waymar Royce, su
padre es abanderado de Lord Arryn. El tío Benjen dijo que a lo mejor tenían que llegar hasta la Torre
Sombría. Eso está montaña arriba.
—Tengo entendido que últimamente han desaparecido muchos guardias —dijo Lannister
mientras subían por las escaleras de la sala común. Sonrió y abrió la puerta—. Puede que los grumkins
estén hambrientos este año.
La sala era inmensa, llena de corrientes frías pese al fuego que chisporroteaba en la enorme
chimenea. En las vigas del techo elevado anidaban los cuervos. Jon oyó sus graznidos mientras los
cocineros de turno de aquel día le daban un cuenco de guiso y un trozo de pan negro. Grenn, Sapo y
otros muchachos estaban sentados en el banco más cercano al fuego, riendo e insultándose con sus
voces groseras. Jon los miró pensativo un instante y optó por un lugar en el extremo más alejado de la
sala, lejos de los demás.
—Cebada, cebolla, zanahoria —murmuró Tyrion Lannister olfateando el guiso con
desconfianza. Se había sentado enfrente de él—. Alguien tendría que explicarles a los cocineros que
los nabos no son carne.
—Es estofado de carnero. —Jon se quitó los guantes y se calentó las manos con el vapor que
despedía el cuenco. El olor le hizo salivar.
—Nieve. —Jon conocía la voz de Alliser Thorne, pero esta vez tenía un matiz extraño que no
le había oído nunca. Se volvió—. El Lord Comandante quiere verte. Ahora mismo.
Durante un instante el miedo paralizó a Jon. ¿Para qué quería verlo el Lord Comandante?
Seguro que habían recibido noticias de Benjen, seguro que estaba muerto, su visión se había hecho
realidad.
—¿Se trata de mi tío? —farfulló—. ¿Ha vuelto, está bien?
—El Lord Comandante no está acostumbrado a esperar —fue la respuesta de Ser Alliser—. Y
yo no estoy acostumbrado a que nadie cuestione mis órdenes, menos aún un bastardo.
—Basta ya, Thorne. —Tyrion Lannister se puso de pie—. Estás asustando al chico.
—No te metas en lo que no te importa, Lannister. Aquí no hay lugar para ti.
—Pero en la corte sí —sonrió el enano—. Sólo tengo que decir las palabras adecuadas a las
personas oportunas y te morirás de viejo antes de que te permitan entrenar a otro muchacho. Venga,
dile a Nieve por qué quiere verlo el viejo oso. ¿Hay noticias de su tío?
—No —respondió Ser Alliser—. No tiene nada que ver con él. Esta mañana ha llegado un
pájaro de Invernalia con un mensaje relativo a su hermano. A su medio hermano —se corrigió de
inmediato.
—Bran —jadeó Jon. Se puso en pie, pero le temblaban las rodillas—. A Bran le ha pasado
algo.
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