CAMPEONATO DEL MUNDO JAPON 2006
AMERICA CONTRA EUROPA EN SAITAMA
El 26 de agosto hacía calor en Saitama, humedad, quizá era la presión a medida que avanzaba el campeonato lo que hacía subir la temperatura. Era allí, en el imponente Saitama Super Arena, construido en 2001 y con capacidad en aquel Mundial para 18.500 espectadores, donde el torneo comenzaba a jugarse a cara o cruz. Un recinto con museo incluido( el John Lennon) situado a media hora de Tokio. Pero el cambio de escenario no alteró el guión. Japón, ya eliminada, escogió aChinacomolaselecciónaapoyarparaquelaasistenciaalpabellónnobajara, Nigeriarozóla sorpresa ante Alemania( 77-76), pero el resto de cruces de octavos de final no deparó sobresaltos.
El 113-73( 59-29 ya al descanso) por el que Estados Unidos destrozó a Australia tenía un claro mensaje: queremos el oro, no nos vale otra. Y, además, el equipo disfrutaba, con continuas ayudas, defensa a media cancha, innumerables ' alley-oops ' coreados desde la grada.“ A este equipo le preocupa el baloncesto y trata de llevarlo a cabo de la manera correcta, jugando con los demás y no contra los demás. Es un modo muy divertido de hacerlo”, afirmó Battier aquel día. Pero otros también disfrutaban del juego. Grecia no tuvo problemas frente a China( 95-64), ni Argentina ante Nueva Zelanda( 79-62), tampoco España contra Serbia y Montenegro( 87-75), así que el campeón se iba para casa. Los extraordinarios números de Darko Milicic( 18 puntos y 15 rebotes) no bastaban.“ Es una buena experiencia para nuestro joven equipo. España juega muy rápido y nosotros no podemos hacerlo a ese ritmo”, asumía Marko Marinovic, autor de 15 puntos en aquel partido. La selección que defendía oro se quedaba en el camino y, mientras, ninguna de las favoritas sufrió apuros para alcanzar esos cuartos de final en los que sus nombres estaban escritos desde antes siquiera que el campeonato arrancara.
En la orden del día de aquel 30 de agosto de 2006, versión estadounidense, un nombre se leía bien clarito: Dirk Nowitzki. Era el jugador a frenar. No necesitaba presentación, su currículo en los Mavericks bastaba para que la pizarra y los vídeos de Krzyzewski giraran en torno a él. Se presumía un partido complicado para los norteamericanos, y así fue. La novela estaba abierta al descanso. El 40-39 por el que vencía Estados Unidos presagiaba un final de infarto. Lo suscribía el 44-43 de poco después, pero entonces, la furia de Carmelo Anthony se desató y, agarrados a él, los norteamericanos firmaron un parcial de 13-2( 60-55) que encauzó la victoria. Los ' profesionales '( como si los demás no lo fueran …), los dominadores de la historia del baloncesto, estaban en semifinales. A dos pasos del ansiado oro que consideraban suyo. El grito, tan desgarrador como el del cuadro de Edvard Munch, con el que LeBron James celebró sobre el parquet el triunfo ante los alemanes, estaba justificado.
Era la hora de la verdad, también la de mirar por el rabillo del ojo, con suma atención, lo que hacía el resto de rivales. Estados Unidos ya tenía pareja de baile: Grecia. Y el duelo contra los helenos significaba ponerse el mono de trabajo. Francia lo sufrió en sus propias carnes en aquellos cuartos de final, en los que sólo fue capaz de anotar 53 puntos( por los 73 del rival). La mano de Panagiotis Giannakis, el mismo que dirigió los dorados años 80 del basket griego, mecía a un equipo que en el pulso con Francia tuvo a cinco jugadores con dobles figuras en la estadística final. En el bando rival, sólo Mickael Gelabale llegaba a esos dos dígitos( 12 puntos). ¿ A quién destacar? ¿ A Papaloukas, a Fotsis, a Papadopoulos, a Diamantidis, a Schortsanitis? A nadie yatodos, porque ésa era la gran virtud de la Grecia que en aquel campeonato lucía los galones de campeona de Europa.
La otra parte del cuadro deparaba una semifinal entre Argentina y España, selecciones que habían eliminado en cuartos de final a Turquía y Lituania, respectivamente. Un duelo entre dos Hernández, Sergio y Pepu, entre dos equipos que se conocían sobradamente, especialmente por las hojas de servicios de muchos de los internacionales argentinos en la Liga ACB. La albiceleste
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