Memorias: la voz de los sobrevivientes
Acá llegó Cadena con el candidato a la alcaldía Nelson Están. Lo montó en una tarima y dijo:“ El que no vote por él, ya sabe; es ¡ tan, tan, tan!” [ emulando el sonido de la pistola ]. 55
Todos los hombres acá fuimos obligados a votar por Carlos Gómez, por Álvaro Uribe, nos hicieron ir hasta las islas de San Andrés, acá todo el mundo, incluidos los muertos fueron obligados a votar. 56
Por último, las complicidades se describen también como colaboración abierta y directa, ya sea porque son los poderosos locales los que traen a los grupos armados o porque les permiten el uso de sus tierras y fincas para ejercer el terror. Las memorias de los líderes de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos – anuc – sobre la recuperación de tierras durante las décadas de 1970 y 1980 en la costa caribe hacen referencia a estas formas de colaboración con militares, narcotraficantes y paramilitares, y mencionan cómo esto facilitó el asesinato de numerosos líderes campesinos:
[…] creo que son los Tulena, que están muy compinchados con esta base militar y había en la finca La Rioja y desde ahí le disparaban a uno. 57
Empieza lo que nosotros decimos, la primera presencia de manera directa del paramilitarismo; los terratenientes comenzaron a contratar matones a sueldo y comenzaron a matar selectivamente dirigentes campesinos. Aquí están estas familias muy conocidas como los Mesa, los Méndez; inclusive comenzaron a contratar agentes secretos del Estado, oficiales de la
políticos reconfiguraron el estado colombiano.( Bogotá: Random House, 2010); Mauricio Romero, ed. Parapolitica. La ruta de expansión paramilitar y los acuerdos políticos.( Bogotá, Corporación Nuevo Arco Iris, 2010). 55. Diario de campo. Entrevista a poblador en el departamento de Sucre, 2010. 56. Diario de campo. Entrevista a poblador en el departamento de Sucre, 2010. 57. Testimonio de hombre adulto, exdirigente indígena, San Andrés de Sotavento, Córdoba, 2010. gmh, La tierra en disputa, 247.
Policía retirados y del Ejército, porque eso lo comprobamos nosotros en San Pedro. […] Mataron a Iván Salgado, mataron a Ramiro Jiménez, mataron a Narváez en El Piñal, mataron a tres hermanos Narváez, dirigentes aquí del corregimiento de San Rafael, municipio de Ovejas, a Jaime Narváez y a otro hermano, mataron a dos compañeros de la hacienda Mula, al compañero Alberto Romero en San Pedro, eso fue una cadena así. Mataron a Gary Suárez que era de las llanadas de Corozal, mataron a José en Betulia y siguieron esas muertes selectivas en toda esa época de Turbay. 58
De esa manera, la memoria de las asociaciones entre políticos, gamonales y actores armados— incluyendo a miembros de la Fuerza Pública— registra cómo estas se materializan en formas diversas, lo que concreta una relación innegable de patrullaje y vigilancia permanente de la vida diaria y entrega respuestas rápidas a cualquier intento de desestabilizar estas alianzas y sus beneficios. Así lo comentaron mujeres y hombres campesinos entrevistados por la periodista María Jimena Duzán en la zona del Carare:“[…] en muchas ocasiones, los paramilitares patrullaron las zonas en compañía de integrantes del Ejército y que eso se hacía bajo la anuencia de los políticos y ganaderos del Magdalena Medio”. 59 Para los líderes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare – ATCC –, la persecución contra la Asociación y sus miembros se explica en parte por la fortaleza de dichas asociaciones.
Los relatos dan cuenta del complejo entramado de relaciones e intereses que se mantiene en el tiempo y de la responsabilidad política y, en ocasiones, acción directa que tienen estos poderosos locales. La prevalencia de este tejido de alianzas y poderes locales en la vida cotidiana contribuye a implantar un clima de miedo y a cimentar la ley del silencio, como lo anotan los testimonios a continuación:
58. Testimonio de hombre adulto, dirigente campesino, Los Palmitos, Sucre, 2009. gmh, La tierra en disputa, 250. 59. María Jimena Duzán, Mi viaje al infierno( Bogotá: Grupo editorial Norma, 2010). Citado en gmh, El orden desarmado, 92.
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