¡BASTA YA! COLOMBIA: MEMORIAS DE GUERRA Y DIGNIDAD | Seite 341

INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica
Dígales a sus hombres que paren el combate para sacar los heridos.” Entonces él dijo:“¿ Cómo así...? No puede ser!”, y se puso a llorar... Entonces llamó y pararon esa vaina [...]. 22
Estos dos relatos muestran formas contrastantes de las lógicas y emociones en que transitan los agentes armados: mientras unos paran porque los números son altos, en el otro caso nos encontramos con el reconocimiento de la tragedia causada. Los testigos y sobrevivientes observan las emociones y apreciaciones de quienes, sumidos en la confrontación, se dan cuenta del horror causado. Esto permite entender cómo su ejercicio memorativo no transforma a quienes participan en los actos de violencia en seres anónimos o estereotipados, sino que califica sus diferencias y los modos en que estos hombres fueron vistos en momentos críticos. Los relatos registrados no deshumanizan a quienes ejercen la violencia armada; por el contrario, los representan en su condición humana, con sus debilidades y capacidad de hacer el mal.
Las historias relatadas al gmh por las mujeres del corregimiento de El Placer, en el sur del país( departamento del Putumayo)— cuyos habitantes han sufrido diferentes regímenes armados de la guerrilla y los paramilitares—, están llenas de calificativos sobre el carácter“ sanguinario”,“ corrompido”,“ bravo”,“ caníbal”,“ malo” y“ terrorífico” 23 de los agentes de la guerra. Así lo evocan dos de los relatos:
Ellos eran las personas más corrompidas […]. Al principio eran unos comandantes malísimos, yo creo que ni mamá tenían. Había uno que le decían el J. J., ellos ya no viven, a unos los mataron los mismos compañeros. 24
Los primeros comandantes fueron los más sangrientos […] eran como caníbales, como demonios. 25
22. Testimonio, Taller de memoria histórica, Vigía del Fuerte, 2009. gmh, Bojayá, 64. 23. Véase gmh, El Placer. Mujeres, coca y guerra en el bajo Putumayo( Bogotá: Taurus / Semana, 2012), 112. 24. Entrevista # 4 a mujer adulta, El Placer, 2011. gmh, El Placer, 112-113. 25. Entrevista # 29 a mujer adulta, El Placer, 2011. gmh, El Placer, 112.
El carácter infame de los actores armados lo registra la primera mujer al evaluar el comportamiento corrupto de estos hombres y considerar que su maldad puede solo comprenderse por la ruptura de todo lazo filial y responsabilidades morales con el mundo:“ ni mamá tendrían”, sentencia ella. El reconocimiento de la otra mujer de los diversos matices y niveles de maldad entre victimarios la lleva a caracterizar grados de maldad y a señalar a aquellos que considera con mayor capacidad de ejercer la violencia sanguinaria como demonios o caníbales, es decir, que llegan a extremos de una maldad simbolizada en“ el demonio”.
Un grupo de relatos de habitantes de El Salado, Bolívar, recopilados en el 2009 por el gmh, aportan otra clave sobre el sentido de estos relatos como mecanismo mediante el cual se evalúa el carácter de los paramilitares partícipes de la masacre:
Aquí habían mandado unas tamboras, acordeón, aquí había un grupo de gaita, habían mandado los instrumentos para que los pelados fueran comenzando a practicar, todo eso se apoderaron ellos. Esta cancha, ahí era cuanto muerto mataban, tocaban, tocaban tambora, tocaban acordeón y todo, si cargaban grabadoras, porque en las casas habían buenas grabadoras y hasta cogían las grabadoras, y todo eso ponían la música [...] Cuando eso mataban, ellos tocaban, eso era una fiesta para ellos. Eso para ellos era una fiesta. 26
Sacaron unos tambores de la Casa del Pueblo, cantaban después de matar... se les veía el placer de matar. 27
El juicio sobre los paramilitares que perpetraron la masacre es expresado por las personas sobrevivientes a través de un lenguaje que los caracteriza como seres poseídos por una“ sed” de matar y un“ placer” por la violencia que alcanza límites inimaginables, lo que se manifiesta en festejar con tamboras luego de matar, mientras bebían alcohol de las tiendas.
26. Testimonio # 2 de dos mujeres, adulta y joven. gmh, El Salado, 48. 27. Testimonio # 27 de hombre joven. gmh, El Salado, 48.
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