¡BASTA YA! COLOMBIA: MEMORIAS DE GUERRA Y DIGNIDAD | 页面 336

Memorias: la voz de los sobrevivientes de enero de 1989, se encontraron hace más de dos décadas alrededor del sufrimiento compartido y en la búsqueda por la verdad. Como lo evocan dos de las viudas, al traer sus dolores individuales y familiares al ámbito público de la lucha por la dignidad y la justicia, ellas y ellos conformaron una comunidad de memoria y dolor itinerante:
[…] construimos una comunidad de memoria viniendo de diferentes lugares del país... […] Cuando mataron a nuestros esposos, nuestros hijos estaban muy pequeños, no conocieron a sus papás, todas las familias estaban en proceso de construcción, estábamos casi todos recién casados. Esto fue lo que nos llevó a trabajar por la justicia; para que nuestros hijos sepan que no les pueden matar a sus seres queridos y nosotros quedarnos indiferentes. Nosotros estamos luchando por nuestros seres queridos. También estamos luchando para que nuestros hijos sepan, y la sociedad en general, que se debe hacer justicia. Nosotros nos hemos convertido como en una familia. 10
5.1.2. Los horizontes del dolor y el terror
Una mujer testigo de la masacre perpetrada por los paramilitares el 9 de enero de 1999 en El Tigre, Putumayo, recuerda la manera como los cuerpos de varios hombres de su pueblo fueron despojados de sus prendas y dispuestos espacialmente por los victimarios cuando abandonaban el lugar después de cometida la masacre:
A la salida de La Hormiga encontramos siete cuerpos. Todos eran hombres jóvenes. Estaban solo con ropa interior. Eso era muy doloroso porque los paramilitares habían dejado un círculo con los cuerpos en la mitad de la calle. Las cabezas de los muertos estaban hacia dentro del círculo. Todos tenían un disparo en la frente. 11
10. Intervención, Taller Memorias en diálogo y construcción, Cúcuta, 2011. 11. Relato # 3, Taller de memorias, 2010. gmh, La masacre de El Tigre, Putumayo( Bogotá: Pro-offset editorial, 2011), 27.
La imbricación narrativa entre cuerpos y espacios locales que documenta este relato comunica el poder de destrucción que tuvieron los paramilitares y el sufrimiento que ocasionan. Sus acciones sobre cuerpos y escenarios sociales provocaron dolores y tristezas difíciles de superar, porque asesinaron a personas vecinas y las dejaron en lugares de alta circulación, valor simbólico e interacción cotidiana. Así lo continúa relatando una testigo de la masacre de El Tigre:
[…] No sabemos cuántas personas más echaron al río, por eso decimos“ los que viven en el río”. Es incontable saber cuántas personas viven en este río. Eso nos da mucha tristeza. Nosotros encontramos este puente lleno de sangre, y algunas cosas de los muertos, como chanclas o ropa, estaban tiradas a lo largo del puente. 12
El río, eje de vida y sustento para la población, se transforma en“ hogar” de muertos anónimos y paisaje de tristeza. Esto sucedió de la misma manera en otros lugares del país, donde plazas y lugares de encuentro fueron transformados en escenarios de desolación; los ríos y caudales de agua se convirtieron en cementerios donde fueron arrojados centenares de cuerpos.
El relato inicial de la masacre de El Tigre también documenta una topografía de la muerte: se trata de hombres de mediana edad, dejados en los dos extremos del pueblo en medio de la calle, ubicados en forma de círculo, boca abajo, con la cabeza hacia adentro del círculo, con disparos en la cabeza. La ubicación de los cuerpos de las víctimas en la vía del pueblo manifiesta una gran carga comunicativa por parte de los victimarios, quienes los ubicaron estratégicamente en los dos extremos del pueblo para demarcar su poderío. Las personas sobrevivientes evocan la topografía para enfatizar la crueldad de los victimarios, precisar lo que pasó y reconstruir el entorno familiar del pueblo, que fue transformado en escenario de muerte y desolación. Así como se castiga el cuerpo y se le tortura, los relatos registran el modo en que incluso el territorio del
12. Relato # 3, Taller de memorias, 2010. gmh. El Tigre, 27.
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