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Martín Bonaldo Acá empiezo yo, una mañana de septiembre de 2006 y día 14, solo era un bebé y ya sabía distinguir a mi papá y a mi mamá por los abrazos y besos que me daban. Ahí nomás me bautizaron, aquí no hubo nada especial solo un bautismo común. Como todos empecé a caminar fue una alegría para mis padres y para mí también una emoción tremenda cuando dije mamá mi primera palabra también nunca me voy a olvidar de mis primeras travesuras por ejemplo desconectarle la computadora a mi papa mientras estaba trabajando. El segundo mejor día de mi vida fue cuando conocí la plaza y lo único que hacía era subirme al tobogán. Mi cabaña favorita, en el Durazno donde nevaba mucho y metí la pata en un charco de agua congelada, pobre mi papá que me tuvo que llevar a upas todo el camino. Aquí fue donde los dibujos me atrajeron y comencé a dibujar todo el tiempo también usé mi primer vehículo; la patineta que ahora la sigo usando. Mi viaje a Brasil, el país más maravilloso del mundo, donde intentaba hablar con los portugueses y no los entendía, ya pasado un tiempo comencé creciendo mi jardincito donde lo único que recuerdo es que me caí de la ventana de la casita y lloré tanto que hice un charco de lágrimas. Entendí que dibujar era una experiencia sensacional que me llevó a seguir aprendiendo Empecé la salita de 5 donde no me juntaba con muchos amigos, prefería dibujar o jugar en la arena. Para primer grado entré al Mantovani en el que conocí muchos amigos nuevos y aprendí natación en la que casi me ahogo por estar mucho tiempo bajo el agua. El mundial 2014 mi primer mundial donde me acuerdo que todos estaban sentados en su sillón atentamente a la tele por si hacían gol, ese mismo año fue el acantonamiento donde me caí me reí y varias cosas mas . Aquí llega el peor día de mi vida, el día en que murió mi abuelo y todavía sigo extrañando sus maravillosas armas de madera que él me hacía, después finalicé el primer ciclo del Mantovani y me puse muy feliz. El 2016 fue un año de aventuras, para mi cumple años hice mi primera pijamada por lo cual lo disfruté muchísimo junto a mis amigos y para terminar Manu mi mejor amigo, me invitó a taekwondo donde descubrí mi pasión por las artes marciales y en 2017 gané mis primeras dos medallas compitiendo en un torneo interprovincial. Además participé en el juicio de “la patota” actuando de abogado, como defensor de los chicos de otroso que eran invadidos por la patota, grupo juvenil que armaba caos en el pueblo. Fueron muchas horas de ensayo que concluyó en un gran éxito teatral. Y así termina mi autobiografía, que no es un final sino un agradable principio.