pesada, muy espesa, cansada de mirar; un tipo de tristeza
que nos ha habitado por tanto tiempo que no suelta lágri-
mas junto con la necesidad que tenemos de conectar, de
sentir, de respirar, de dormir juntos; dormir y dormir jun-
tos... dormir juntos. La consumación del amor humano.
Nos perdemos porque caminamos en un hilo imaginario;
recostamos nuestra existencia, nuestra conciencia y nues-
tros deseos en una vida que quizá no exista, que nadie ha
comprobado que fuera de nuestros muros de carne y pa-
pel y que nos siga conteniendo. Nos olvidamos que antes
de esto nosotros también dormíamos y que, al final, vol-
veremos a sacar ramas y ríos y flores, y nos llenaremos
de tierra, y que, como todo, nos iremos a dormir. Tal vez
siempre hemos estado dormidos. Quizá la vida en bruto, la
vida más pura consista en irnos a dormir con un bosque y
amarlo tanto que nos transformemos en él; quizá la paz, la
conexión, la comprensión más elevada no sea del mundo,
sino con el mundo. Levantarnos cada mañana conscientes
de que dormimos y dormir con el resto. Coexistir con todo
de que dormimos y dormir con el resto. Coexistir con todo
lo quieto, recostarnos con ello; declarar el amor a lo silen-
cioso y ser amado por él.
¿qué es ser humano, sino un cúmulo de sueño?
¿qué es la vida sino un sueño dentro de otro?
El bosque interior será propio algún día y la humanidad que
cargo ahora se repartirá entre sus ramas; entonces el bosque
interior, como el exterior, tendrá un espíritu en forma de
viento y voluntad entre sus troncos, y la gente que lo visite
también dirá que su centro late aunque su vida esté mayor-
mente dormida. Sería hermoso verlo despertar cuando el
sol florece entre dos montañas, y, aun así, el bosque nunca
despertará.
dormir juntos, la consumación del amor humano. ▪
Maripaz Sánchez
Autarquía
9