Autarquía número nueve | Page 9

pesada, muy espesa, cansada de mirar; un tipo de tristeza que nos ha habitado por tanto tiempo que no suelta lágri- mas junto con la necesidad que tenemos de conectar, de sentir, de respirar, de dormir juntos; dormir y dormir jun- tos... dormir juntos. La consumación del amor humano. Nos perdemos porque caminamos en un hilo imaginario; recostamos nuestra existencia, nuestra conciencia y nues- tros deseos en una vida que quizá no exista, que nadie ha comprobado que fuera de nuestros muros de carne y pa- pel y que nos siga conteniendo. Nos olvidamos que antes de esto nosotros también dormíamos y que, al final, vol- veremos a sacar ramas y ríos y flores, y nos llenaremos de tierra, y que, como todo, nos iremos a dormir. Tal vez siempre hemos estado dormidos. Quizá la vida en bruto, la vida más pura consista en irnos a dormir con un bosque y amarlo tanto que nos transformemos en él; quizá la paz, la conexión, la comprensión más elevada no sea del mundo, sino con el mundo. Levantarnos cada mañana conscientes de que dormimos y dormir con el resto. Coexistir con todo de que dormimos y dormir con el resto. Coexistir con todo lo quieto, recostarnos con ello; declarar el amor a lo silen- cioso y ser amado por él. ¿qué es ser humano, sino un cúmulo de sueño? ¿qué es la vida sino un sueño dentro de otro? El bosque interior será propio algún día y la humanidad que cargo ahora se repartirá entre sus ramas; entonces el bosque interior, como el exterior, tendrá un espíritu en forma de viento y voluntad entre sus troncos, y la gente que lo visite también dirá que su centro late aunque su vida esté mayor- mente dormida. Sería hermoso verlo despertar cuando el sol florece entre dos montañas, y, aun así, el bosque nunca despertará. dormir juntos, la consumación del amor humano. ▪ Maripaz Sánchez Autarquía 9