Y parece que la gente ya no debería construir casas
parece que la gente debería dejar de trabajar
y sentarse en pequeños cuartos sobre segundos pisos
bajo luces eléctricas
sin sombras;
y parece que hay mucho por olvidar
y mucho por no hacer
y en droguerías, tiendas, bares
la gente está cansada, no quieren moverse,
y me quedo ahí parado por la noche
y veo a través de esta casa y la casa no quiere ser construida”
Introducción con Bukowski
― Charles Bukowski, Love Is a Dog from Hell
“No tenía amigos en la escuela, no quería ninguno. Me sentía mejor estando solo. Me sentaba en
una banca y veía a los otros jugar y me parecían tontos.” (Charles Bukowski)
Todos hemos estado sentados en una banca preguntándonos cómo llegamos ahí y por qué deberíamos
pararnos. Sobre todo, ¿por qué deberíamos pararnos? ¿Importaría realmente si simplemente nos que-
damos ahí, observando, sin darle demasiada importancia a lo que le pasa a los otros? Porque, ¿cuál es
la diferencia entre eso, o ganar un Premio Nobel, o encontrar una forma de erradicar la pobreza, o en-
contrar la cura del SIDA, si nos vamos a morir de todas maneras? ¿Para qué nacimos incluso? Nunca le
dije a nadie que quería estar aquí. Así que, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué se supone que debo hacer ahora?
La Esencia
Quizá se debería entender qué significa ser humano para responder cuál es el punto de que existamos.
Platón y Aristóteles intentaron hacerlo (aunque no comparto algunos de sus razonamientos). Platón era
un idealista: se le ocurrió que hay un mundo superior y perfecto del que surgen todas las ideas. Por lo
tanto, para él la esencia del humano es su alma, Forma pura. Intentó explicarlo con la Alegoría del Carro
Alado, en la que el hombre —la «parte» racional e inmortal— lucha para mantener a dos caballos bajo
su mando: en caballo rebelde y espirituoso; y el caballo apetitivo, que representa el cuerpo. Es una muy
bonita metáfora, pero creo que la necesidad de salirnos de este mundo para intentar explicar las cosas
ya no es válida.
Aristóteles también intentó explicar una escala del ser, desde el alma nutritiva (plantas), al alma
sensible (animales), y al alma humana. Algo que me gusta de este filósofo es la palabra entelequia. La
entiendo como la actualización de nuestro potencial de ser. Y es algo así como lo único que podemos,
humanamente, dar por hecho.
¿Qué me hace quien soy? Si tengo un accidente y los doctores tienen que cortarme una pierna, sigo
siendo yo. Así que no soy solo cuerpo. Si hoy pienso que el blanco es el color más hermoso, y mañana
pienso que es el gris, sigo siendo yo. Así que no sólo soy pensamientos o ideas. Para mí, nuestras po-
tencialidades y sus continuas actualizaciones son lo que nos hace humanos. Podemos convertirnos en
cualquier cosa en cualquier momento, y simultáneamente provocar un cambio en los otros.
La locura del Esencialismo
“Seremos convertidos en kitsch. El kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido”
–Milan Kundera (p.290)
No es sorprendente que en un mundo utilitarista queramos encontrarle a todo un propósito. Tendemos
a cuestionar nuestra existencia de una forma industrializada, en vez de filosófica. «¿Qué debería hacer
en este