Autarquía número nueve | Page 6

Y parece que la gente ya no debería construir casas parece que la gente debería dejar de trabajar y sentarse en pequeños cuartos sobre segundos pisos bajo luces eléctricas sin sombras; y parece que hay mucho por olvidar y mucho por no hacer y en droguerías, tiendas, bares la gente está cansada, no quieren moverse, y me quedo ahí parado por la noche y veo a través de esta casa y la casa no quiere ser construida” Introducción con Bukowski ― Charles Bukowski, Love Is a Dog from Hell “No tenía amigos en la escuela, no quería ninguno. Me sentía mejor estando solo. Me sentaba en una banca y veía a los otros jugar y me parecían tontos.” (Charles Bukowski) Todos hemos estado sentados en una banca preguntándonos cómo llegamos ahí y por qué deberíamos pararnos. Sobre todo, ¿por qué deberíamos pararnos? ¿Importaría realmente si simplemente nos que- damos ahí, observando, sin darle demasiada importancia a lo que le pasa a los otros? Porque, ¿cuál es la diferencia entre eso, o ganar un Premio Nobel, o encontrar una forma de erradicar la pobreza, o en- contrar la cura del SIDA, si nos vamos a morir de todas maneras? ¿Para qué nacimos incluso? Nunca le dije a nadie que quería estar aquí. Así que, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué se supone que debo hacer ahora? La Esencia Quizá se debería entender qué significa ser humano para responder cuál es el punto de que existamos. Platón y Aristóteles intentaron hacerlo (aunque no comparto algunos de sus razonamientos). Platón era un idealista: se le ocurrió que hay un mundo superior y perfecto del que surgen todas las ideas. Por lo tanto, para él la esencia del humano es su alma, Forma pura. Intentó explicarlo con la Alegoría del Carro Alado, en la que el hombre —la «parte» racional e inmortal— lucha para mantener a dos caballos bajo su mando: en caballo rebelde y espirituoso; y el caballo apetitivo, que representa el cuerpo. Es una muy bonita metáfora, pero creo que la necesidad de salirnos de este mundo para intentar explicar las cosas ya no es válida. Aristóteles también intentó explicar una escala del ser, desde el alma nutritiva (plantas), al alma sensible (animales), y al alma humana. Algo que me gusta de este filósofo es la palabra entelequia. La entiendo como la actualización de nuestro potencial de ser. Y es algo así como lo único que podemos, humanamente, dar por hecho. ¿Qué me hace quien soy? Si tengo un accidente y los doctores tienen que cortarme una pierna, sigo siendo yo. Así que no soy solo cuerpo. Si hoy pienso que el blanco es el color más hermoso, y mañana pienso que es el gris, sigo siendo yo. Así que no sólo soy pensamientos o ideas. Para mí, nuestras po- tencialidades y sus continuas actualizaciones son lo que nos hace humanos. Podemos convertirnos en cualquier cosa en cualquier momento, y simultáneamente provocar un cambio en los otros. La locura del Esencialismo “Seremos convertidos en kitsch. El kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido” –Milan Kundera (p.290) No es sorprendente que en un mundo utilitarista queramos encontrarle a todo un propósito. Tendemos a cuestionar nuestra existencia de una forma industrializada, en vez de filosófica. «¿Qué debería hacer en este