-¿Te voy a volver a ver? -preguntó ella.
-Es posible -respondió él-, debo viajar a Nueva Delhi.
Prefirió no continuar la conversación y besarlo hasta que se agotara el último minuto de la noche.
Mariano Castillo regresó triunfante a la mesa. Pomares le dirigió una mirada maliciosa y Mariano sonrió
con la misma perversidad.
-Después de todo, el arte contemporáneo tiene su estilo -dijo el pintor. German y Josefina soltaron una
estruendosa carcajada.
-Bueno, es tiempo de irme -avisó Mariano-, aquí les dejo mi aporte a la mesasa -sacó tres billetes que
inmediatamente Josefina agarró.
-¿Entonces vos llevás a Don Nacho? -interrogó la fotógrafa.
-Ja, ja, ja… bueno veamos que dice él -repuso Mariano.
-Que lo lleve, ahora es su putilla -añadió German.
-¡Callate!, ¡sos un imprudente! -le reprendió Josefina.
-Hablando del rey de Roma…Nacho, ¡querido!, hablábamos de tu parte para pagar la cuenta.
-¡Claro, claro!, aquí está -y le entregó el dinero algo nervioso y sudoroso a Josefina-. ¿Quién me lleva a
mi casa? -dijo el periodista.
-¡Mariano, por supuesto! -agregó con sarcasmo German.
-Bueno, Mariano, o yo si lo prefieres -repuso Josefina.
-Si Mariano está de acuerdo… pues me voy con él. Ya es tarde y parece que ya te vas ¿no? -preguntó
viendo al pintor.