Y fue como por arte de magia, de esa magia inusual que brilla en una noche de tragos, que Martín y
Fiorella desaparecieron y se encontraban a medias ropas dentro del escarabajo rojo tambaleándolo de un
lado a otro, con las ventanas empañadas de amor súbito y la voz de Billie Holiday a lo lejos.
-¡Basta de chismes por el momento! ¡Un trago más y la naturaleza me llama! -exclamó ceremonioso Nacho
Oveja. Se puso de pie y caminó en dirección al toilette de El Panalushky. Comenzó desabrochándose la
faja, se bajó los pantalones y el calzoncillo hasta las rodillas dejando escapar a su ser por el orificio de su
pene, cuando fue brutalmente sorprendido por la retaguardia con los dones eróticos de Mariano Castillo.
-Ahora sí vamos a dejar los chismes Don Nacho. Vamos a acomodarnos al placer, vamos a dejar el bla, bla
y vamos a gozar -le dijo el pintor con los ojos achinados y rojos, en posición de ataque, sosteniendo por
detrás y de la cintura a Nacho-. ¡Vamos, vamos, vamos! -arremetió sin piedad . Y en el espejo del baño se
podía ver a media luz el perfil de Nacho Oveja como ido, como hipnotizado, como poseído por alguna
extraña fuerza que le proporcionaba felicidad eterna.
-¡La noche ha sido un éxito! -sentenció Pomares a Josefina-. Nuestros amigos están disfrutando… y vos y
yo… ¡Querida!, ¿qué pasa entre vos y yo? ¿Por qué soy víctima de tu frialdad? -preguntó Pomares a la
fotógrafa.
-Lo nuestro se acabó y no empecemos, que esa pequeña temporada en el infierno la vivimos hace mucho
tiempo. ¡Ay ya German por favor! Mejor busquemos cómo pagar la cuenta.
-¡La cuenta! ¡La guillotina! Esperemos a los demás o mi bolsillo desfallecerá -explicó Pomares, con lo que
Josefina estuvo de acuerdo.
La física es una ciencia maravillosa. Velocidad es igual a distancia sobre tiempo. Y en otro tiempo, a otra
distancia y a otra velocidad estaban Martín y Fiorella, ahora recostados en la trompa del volkswagen rojo,
con los rostros al cielo arrancando estrellas, repartiéndose planetas lejanos.