Aquí y Allá Apr. 2014 | 页面 47

sacar un paquete de sustancias sicotrópicas y alucinógenas. En esta ocasión se trataba de un porro de hierba lleno de cogollos y bañado de polvo de ángel, una combinación perfecta para la noche. Las mujeres, quien sabe por qué, se mostraron ligeramente en desacuerdo con la idea, pero Pomares soliviantó la mesa aduciendo que sería una experiencia fenomenal, “¡Inolvidable!, digna de un grupo de celebridades como nosotros, recuerden a Huxley, a Morrison, al mismo Carlos Rigby, no sean ignorantes”. A Martín le daba igual. Nacho Oveja pensó en despotricar contra la propuesta indecorosa de Mariano, pero al escuchar el comentario de Pomares se acobardó y aprobó la moción interpuesta por el literato. De manera que la “hierbabuena” pasó de boca en boca y como German no se dio por abasto ordenó a Mariano que preparara dos más y los distribuyera de manera justa. Mariano muy solícito preparó no dos, sino cuatro y además ordenó dos botellas más de whisky para prevenir la sed que les provocaría tanta fumadera. La atmósfera empezó a sentirse sino jamaiquina más ligera, la música electrizante, el viento suave con sensualidad flotante y aromática. Los enrolados de hierba iban y venían, las bocas aspiraban y exhalaban como si se tratase de un cigarrillo cualquiera. Las botellas de los hermanos Watson cada vez lucían más transparentes. La música de Billie Holiday continuaba en el toca discos. Fiorella le sonreía a Martín y ya sin miedo le contaba de la genialidad de Leni Riefenstahl, así como su admiración por los poemas de Carlos Martínez Rivas. Pomares la escuchaba y la recorría de punta a punta saboreando imaginariamente cada una de sus curvas. Martín se iba y venía mentalmente del Ramayana mientras acariciaba la mano de Fiorella que no paraba de parlotear. Josefina sacó una cámara de su cartera, era una leica de lujo, y le explicaba a Tamara al mismo tiempo que le restregaba el modelito en la cara, que jamás renunciaría a su técnica por una propuesta vulgar como la de la Kodak. Natalia con las manos en la cabeza mediaba entre ambas cuando ameritaba la situación. Y Nacho Oveja ya tocado por la magia de la hierba le hablaba en tono suave a Mariano, quien sobresalía por ser el calladito de la mesa. -La verdad es que creo que sos una ignorante, nada te enseñaron los indígenas niña, -dijo Josefina a Tamara en tono despectivo. Esta última sacó chispas por los ojos. -La