Aquí y Allá Apr. 2014 | Página 48

Intentó anclarse en la silla pero el instinto pudo más, se abalanzó sobre Josefina. Le arrebató la cámara y la arrojó al piso con una fuerza descomunal, a lo que Josefina respondió furiosa, apartando bruscamente la silla, tomándola por el cuello y enterrándole las uñas. Ambas, como buenas gatas callejeras dieron inicio a un combate ante los ojos atónitos del resto. Se cayeron algunas botellas, afortunadamente vacías. Pelos de punta, arañazos, gritos, mejillas sonrojadas y sudor. “Sos una estúpida”, “idiota, ignorante, inculta”, “envidiosa”, estúpida”, “estúpida tu madre fracasada”, “anticuada frustrada”, “maldita perra”, “zorra”, “puta”, “la tuya mierda”… ¡Silencio! ¡Silencio! Se escuchó la voz indignada de Natalia. “Es demasiado hasta donde llegan sus infantiladas. Esta fiesta se acabó. Tamara levantate que te voy a dejar a tu casa de ipso facto”, les gritaba la esteta, quien minutos después sujetó a Tamara del brazo. “Vamos, vamos, que no estoy jugando. Lo siento Josefina, después te llamo y platicamos. Lo siento amigos, pero es mejor que nos retiremos. En otra ocasión será diferente”, y se despidió. Tamara lucía molesta, ya no se diga Natalia. Ambas caminaron tambaleantes algunos metros hasta montarse en el primer taxi y desaparecer de El Panalushky. Mariano Castillo recogió la cámara del suelo y se la entregó a la sonrojada Josefina quien suspiró: “ojalá todavía tenga salvación”. -Bueno, ya pasó, no debemos arruinar la noche por una tontería. Yo brindo a tu salud mi querida y excelente fotógrafa, vos sos mi vedette favorita, eso no se te debe olvidar nunca -dijo Pomares, quien luego rellenó y levantó el vaso con whisky-. ¡Salud amor mío! Y como en el fondo todos preferían el relax optaron por acatar la sugerencia de German, y aunque a Josefina todavía le resonaran en la cabeza las incómodas palabras de Tamara, se decidió por un considerable trago de licor que le borró la finas arrugas del rubio entrecejo. -No vaya usted a preocuparse Josefina. Yo en lo particular comprendo, es engorroso que venga otra persona a burlarse del trabajo de uno. Usted tenía todo el derecho de exaltarse. Fue de muy mala educación, una perfecta grosería el comportamiento de la tal Tamara -comentó Nacho Oveja a la fotógrafa.