en el aire y las mesas lucían ansiosas de aventura. Se parquearon, se bajaron ya con unas copitas de tinto
en la sangre, echaron un vistazo y decidieron instalarse. Entre todos juntaron dos mesas y ordenaron una
botella del whisky chileno de los hermanos Watson para cambiar el sabor del vino. Martín se sentó al
lado de Fiorella y ella junto a Pomares y este junto a Josefina y Josefina junto a Tamara y esta junto a
Natalia y Natalia junto a Mariano quien estaba próximo a Nacho Oveja que cerraba el círculo con
Martín.
La conversación inició en el Paris tecnológico de hoy en día de Martín comparado con aquel bohemio y
tradicional Paris de la adolescencia de Pomares.
Fiorella masculló dos tres preguntas referentes a la tradición poética francesa e hizo hincapié en
Rimbaud, a lo que Martín y Pomares respondieron explayando sus teorías personales sobre la vida del
poeta precoz.
-Era un homosexual frustrado, lo que necesitaba era una buena culeada, pero, ¿qué podía esperarse de
un cursi como Verlaine?, -dijo Pomares para luego sorber un profundo trago de whisky.
-No me lo parece German, no creo que Verlaine fuera un cursi y segundo no creo que Rimbaud
estuviera frustrado. Gay o no, Rimbaud estaba decepcionado, pero con el tiempo lo superó y entendió
que había algo más allá de la poesía.
-Vos y el más allá, ya venís con esos cuentos cristianos de aparecidos y sensaciones espirituales
elevadas. Rimbaud era un prosaico, un niño despierto sexualmente al que le encantaba que se le
mamaran. -A lo que siguió una estruendosa carcajada de Pomares y una sonrisa resignada de Martín.
-¿Ves Fiorella?, con este hombre es imposible, -ella le asintió y vació la botella de whisky.
-¡Mesero! ¡Mesero! Otra botella del mismo por favor, y le voy a pedir que se esté pendiente para que
cuando se acabe ésta, nos traiga la otra -ordenó Pomares.
Tamara cuestionó el modus operandi de Josefina. Natalia trató de persuadirla ante la