-Maravilloso Martín que te guste la fotografía, si te vas a la India y sacás buenas fotos, mandámelas, no me
dejés intrigada sin saber de tu trabajo, le dijo Josefina.
-Pero…¿me harás llegar una copia de la foto de la mujer en el Támesis?
-Dejame hacerla y en cuanto la tenga te la envío.
-Genial, entonces mi visita no ha sido en balde.
Pomares que lucía aburrido notó la presencia de la extraña Fiorella que al parecer era muda.
-Muchachita de agua dulce, sería tan amable de decirme de dónde ha salido usted-. Fiorella algo apenada
por el tono cantadito de Pomares centró los ojos en los de Martín pidiendo un rescate del demonio.
-Es amiga mía. Fiorella es lectora y le gustan las artes, pero antes de averiguar su biografía propongo que
vayamos a otro lugar más tranquilo donde podamos conversar y pasarla bien -sugirió Martín.
-¡Excelente idea! -repuso Pomares-. Propongo El Panalushky, detrás de la Escuela de Danza, hay ambiente
al aire libre, nunca existió la perestroika y… todo es permitido, -sonrió sensualón y viendo descaradamente
los senos de Fiorella.
-Me apunto, voy a invitar a Natalia y a Mariano para que seamos un grupo interesante, -añadió Josefina.
Natalia Orange trajo consigo a Tamara Montenegro y se fueron en el carro de Mariano Castillo. Martín
llevó a Fiorella y a Josefina le tocó soportar en el trayecto a Pomares y a Nacho Oveja.
IV
El Panalushky lucía particularmente desolado. Sonaba, qué casualidad, Billie Holiday
El