Tal vez 1600 asas
Eunice Shade
La Avenida Universitaria, desde la Universidad Nacional de Ingeniería hasta la Universidad
Centroamericana, es particularmente transitada. Prescinde de fuentes y jardines imposibles, tiene en común
con avenidas extranjeras personas divagando con mochilas y libros decorativos. La agobiante circulación
vehicular.
Grupos detrás de la Escuela de Danza rinden culto a Baco, el Dios más adorado. Taxistas llenando barrigas
de grasa y plástico. Vendedores de sal y azúcar. Vendedores de vanidades en collares, chaquiras y
talismanes falsos. Internet C$ 10 la hora. Fotocopias, ampliaciones, levantado de texto, fotos tamaño carné.
El Parnaso con precios dolarizados. Una pregunta a Delfos son 30. Ella siempre quiso comprar una
antología bilingüe de Rimbaud; para navidad tal vez.
En la puerta, un patético póster de Gabo en bikini: “vendo historia”. Todos compran pasado y revenden
futuro. El resto es Radio Ya, seguida de mano de obra barata: capitalismo chino y sus bonitas camisetas de
25 pesos para ir al cine.
Opuestos, los tapices de la UCA. Graffitis, sino contestatarios, ocurrentes en sus mensajes de neón,
dirigiéndonos hacia la estatua de un jesuita desconocido.
El tránsito escandaloso, gases tóxicos y Fiorella rumbo a El Parnaso.
Profesores cruzando la calle, portafolios negros deteniendo al sol. Sol y humo. Cenizas urbanas le
enturbian la vista. Suspendida, escucha el mantel de murmullos que teje la ciudad. El celaje es velo en su
rostro. El perfume de la avenida universitaria mezclado. Managua está en brumas. Actividad forzada para
la función respiratoria y el pito de la 111 cuando la calle deja escapar sus lamentos. Aliento de multitud.
El trayecto produce el instante casual en que Martín encuentra a Fiorella.
-¿Te gusta Arthur? -pregunta él.