Aquí y Allá Apr. 2014 | Page 30

hacíamos, cuando en realidad nos tragábamos en oscuridad familiar y talvez eso era un sentimiento más allá. Temblamos cuando la noche nos cubrió. Me hablaste de puertos y ciudades lejanas con mejores fríos. Te dije que ya no podía, que en las ventanas pañosas de la casa habitaban fantasmas que me necesitaban: los cuidaba, los alimentaba, me visitaban de vez en cuando. Me abrazaste de nuevo y con labios tibios en mi oído dijiste: nunca aprendimos a burlarnos en serio de la vida.