Noviembre 10, 2067
Eunice Shade (Nicaragua)
Cuando te divisé en la carretera sentí una opresión adentro. Desgastado, con arrugas en los dedos,
renco, con la cabeza blanca, con una cicatriz en el rostro me sonreíste en amarillo perla. Agachamos la
cabeza antes de reconocernos. Me agarraste por uno de los brazos y te asustó mi pelaje gris. Entonces
bajaste a tierra y recordaste a una joven animal de cuevas frías, diferente a tu piel limpia y seca, de calores
profundos. Todavía conservabas el tatuaje en la espalda. Me lo mostraste como contraseña para entrar a
nuestro círculo. Me abrazaste fuerte. Me interrogaste ya harto: cuándo acabaría todo esto.
Sin dificultad atravesamos un sendero a uno de los costados de la calle y bajo una sombra terrosa
nos sentamos. Yo fumaba y escribía en japonés sobre el lodo y vos abrías aquella vieja caja. La autointerferencia no permitía escuchar, a ratos, cuando no deseábamos sintonizar esa frecuencia. Te aseguré
que ya no importaba, que enterráramos la caja para siempre, el tiempo había corrido tanto que la raíz se
hacía infinitamente más pequeña y circular o romboide.
Me reprochaste tantos lunares en las manos encogidas de artritis, que de haber sabido que
terminaría sola en una computadora rodeada de gatos y copas habrías aprendido a gritar. Un cortocircuito
floreció en mi garganta, los bordes de los labios se me agrietaron hasta oscurecerse en esas extrañas líneas
que me circundaron años atrás. Te dije en ronca voz: Suficiente.
Mentí diciéndote que todavía conservaba el reír espontáneo de las viejas lunas y que había
aprendido tantas otras cosas, que se supone debí, porque otros las hacían. Solo mentí.
Me contaste de los años en prisión. Me contaste que no podías confiar en nadie, ni siquiera por un
cigarrillo. Te partiste en el centro y pronunciaste otra vez la palabra: Harto. Descubrimos que aún desde el
espeso silencio nunca pudimos con la serpiente del nervio, con esa fibra frágil y alterada. Como si presas
de una ilusoria, y no por eso menos real, nube cargada, neblina, viento helado, exhalación de humo polar.
Como si presas fuésemos piezas clave para completar un hermoso paisaje de hostil invierno.
Y puse mis manchadas manos sobre las tuyas para congelarnos un segundo y no olvidar que
estabas, que estuviste aquí, rondándome, marcando territorio, sonriéndome o pretendiendo que ambos los