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20 – Fronteras de la hospitalidad
ser un dios disfrazado quien no dubitará en enviar un desastre o una hambruna si es maltratado. Cuando las comunidades asisten a los extranjeros, los dioses los premian de diversas formas( Korstanje, 2010; Amuquandoh, 2011; Goody, 1995). Para ello se ofrece comida como signo de buena voluntad y compromiso de protección. Ofrecer al extranjero el mejor plato equivale a obtener el favor de los dioses para la próxima temporada de caza, la próxima cosecha o ciclo laboral( Visser, 1991).
El alcohol por su parte hace lo propio llevando al hombre hacia un mundo de ensueño donde la restricción no existe. Esta sustancia que históricamente fue usada como una forma de sedante que dispone a la recepción del otro reproduce un espacio liminar en donde la restricción no tiene validez. Por ese motivo, no es extraño ver como muchas personas que tienen problemas para dormir acuden al alcohol para poder conciliar el sueño. Como la hospitalidad y el turismo, el sueño también se corresponde con un mecanismo onírico de revitalización donde se invierten las estructuras que caracterizaban la vida productiva( Korstanje, 2013). El turismo y el ensueño tienen mucho en común pues en ellos las sociedades emulan el fuerte anhelo por el paraíso perdido( Waldenfels, 2005; Cardona, Criado & Cantallops, 2015; Korstanje, 2015).
Asimismo, también es cierto que los free-shops en los aeropuertos ofrecen degustaciones y bebidas alcohólicas de todo tipo, muchas de ellas de gran prestigio a un precio mucho menor al cual se puede acceder en su ámbito local. Esta realidad sugiere dos ideas significativas. La primera establece que el aeropuerto funciona como un gran espacio de disciplina donde una vez validada la identidad del viajero se lo introduce en la hospitalidad, ofreciéndole los productos de la sociedad anfitriona, alcohol, perfumes, comida( Korstanje, 2015). En este contexto, el alcohol es un producto conferido a quienes pueden ser legalmente y financieramente confiables, los turistas. Segundo, en el ritual de hospitalidad el agasajado debe desengancharse( disengagement) y someterse a la regla del local. Esta especie de dejarse llevar( que también aplica para el buen dormir) sólo puede ser garantizada por la performance de ciertos rituales en donde el alcohol juega un rol determinante. En parte, como acertadamente observan Elias & Dunning( 1992) el consumo de alcohol demuestra la fortaleza para hacerse cargo del propio ser, de controlar ese riesgo que tanto asusta, pero además porque enaltece en un mundo racional donde las emociones se reprimen.
En un contexto de camaradería el alcohol sirve como instrumento de catarsis, para que las personas se vuelvan más sociables, pero si se abusa de su consumo las consecuencias pueden ser funestas. El agasajado debe demostrar no sólo que controla el alcohol y sus consecuencias, sino que es responsable de sus actos, confiable al ethos-racional. Quienes pierden ese control son denostados, disciplinados y rechazados como insanos, personas que no pueden controlar su cuerpo. En este sentido, como bien advierte D. Innerarity, en occidente se piensa a la hospitalidad como un encuentro reglado, cuando en realidad ella es todo lo
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