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Gastronomía y turismo – Destinos con sal y pimienta
el caso de Porto Alegre, localizada en el extremo sur del país. Allí, la venta de comida en las calles formaba parte de un tipo de comercio al cual denominaban volante, designación impuesta por los órganos oficiales que regulaban las actividades.
Siguiendo el plan de ordenamiento de la ciudad, en 1844 se construyó el Mercado Público de Porto Alegre con la intención de organizar ese comercio, que ya se desarrollaba en otros puntos de la ciudad. Así, es posible inferir que la comercialización de productos alimenticios se venía dando en la ciudad desde mucho antes de esta fecha. En 1870 se inauguró el nuevo Mercado Público Municipal y se demolió el predio original. La entrada en actividad de las nuevas instalaciones marcó de forma significativa la vida de aquellos cuyo sustento dependía del comercio callejero, teniendo en cuenta que“ se establecieron prohibiciones para la comercialización ambulante de productos tales como frutas, verduras y carnes”( Silva, 2007: 166) en cualquier otro lugar que no fuera el interior del Mercado Público.
A mediados del siglo XIX, la legislación sufrió alteraciones que permitieron el comercio fuera del Mercado, incluso de los productos que se vendían en su interior. En el caso de los vendedores ambulantes se permitía que comercializaran sus productos en los horarios en los cuales el Mercado estuviera cerrado( Silva, 2007). Con el aumento poblacional de Porto Alegre el poder público entendió que el Mercado, por sí solo, no llegaría a abastecer a toda la capital, principalmente las zonas más distantes del centro. En 1917 se implementó un proyecto que establecía la creación de ferias y mercados libres, pero este hecho no puso fin a las ventas ambulantes.
Es posible inferir durante esta breve aunque importante síntesis histórica, que desde sus inicios la actividad de venta callejera de comidas estuvo vinculada a una importante cuestión de género, que se mezcla en todo momento con las cuestiones ligadas a la marginalidad y la libertad, ya que en Portugal y en África esas mujeres eran de gran importancia para el Estado( incluso tenían el permiso del mismo para desarrollar la actividad). Mientras que en Brasil y en las capitales de América del Sur, dicha actividad siempre se dio al margen, fue vista con malos ojos tanto por el Estado como por la burguesía, y sobre todo fue ejercida de una forma extremadamente precaria. Según Figueiredo & Magaldi( 1985: 52) el criterio marcadamente sexual de los roles sociales en Brasil“ aparece como fruto de una transposición de la división sexual de roles tradicionalmente vigente en Portugal desde la época colonial, donde el comercio incorporó y el Estado protegió a numerosas mujeres con dificultades de supervivencia que querían escapar de la prostitución”. De la investigación realizada en la feria Brique da Redenção en Porto Alegre surgieron resultados similares, pero también se observaron claros indicios de que la introducción de los food trucks en la institucionalización de la comida de calle está transformando una actividad históricamente femenina en un espacio que ya muestra rasgos de masculinidad.
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