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13 – La gastronomia italiana y la globalización
Mientras que la mitad de los entrevistados( 53 %) dijo que prefiere consumir salame, en vez de los fiambres que se encuentran en los supermercados que son más caros y con sabores diferentes a los italianos. Esto no significa que sean fabricados en casa, pues la mayoría indicó lugares en donde se vende éste y otros productos coloniales italianos. El más frecuente es el cacciatore, un embutido de 15 a 18 centímetros curado con especias, vino y hierbas. En general, una buena parte de la comida italiana está presente en sus mesas hoy en día.
Un hombre de 90 años( entrevistado 8) dijo:“ no puedo vivir sin la polenta y una copa de vino en el almuerzo y la cena”.
“... No puedo comer los panes comprados en la panadería. No tienen gusto a nada. Prefiero cocinar hormas de pan que me duran toda la semana y mantenerlo congelado; y los agnolinis para las noches frías”( entrevistada 11, 72 años).
En la casa de esta entrevistada, su bisnieta de 11 años comentó que si fuera por ella podría comer minestrone todos los días y que no cambia la comida italiana por otra. El minestrone es una sopa italiana compuesta por una gran variedad de legumbres y arroz o fideos.
En tanto que el 20 % de los entrevistados dijo que no prepara las comidas típicas y las consume sólo cuando las compra en algún lugar. Se justificaron diciendo que la preparación de los platos demanda mucho trabajo, que no tiene sentido si se pueden adquirir ya listos en algunos lugares, incluso en los supermercados. La practicidad fue la bandera enarbolada en las respuestas de esta parte de la muestra.
Cuanto más mediada por el mercado global de estilos, lugares e imágenes está la vida social, [...] a través de los sistemas de comunicación globalmente interconectados, más se desvinculan las identidades de tiempos, lugares, historias y tradiciones específicas [...] En cierta medida, lo que se discute es la tensión entre lo“ global y lo“ local” en la transformación de las identidades( Hall, 2011: 75).
DISCUSIÓN
Para Fantineli & Becker( 2011: 61) el patrimonio gastronómico trasciende la necesidad de saciar el hambre, instiga el imaginario y es una de las más significativas expresiones de la cultura local. Según las autoras, en la Cuarta Colonia la gastronomía ha logrado buenos rendimientos para el desarrollo de la región. En las fiestas religiosas, que atraen personas de las ciudades vecinas, se sirven los platos típicos de la región. Asimismo, varios restaurantes han consolidado sus actividades en el sector gastronómico. Muchos de los platos típicos son herencias dejadas por las familias, que van siendo transmitidas de generación en generación, convirtiéndose en elementos tan preciados como una reliquia.
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