APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 67

ellas en la mano, salí al pasillo, me detuve y escuché con atención. Oí a mi madre decirle cosas a Jesús Jerónimo, lo que significaba que le estaría cambiando de pañales o dándole el biberón. Las mellizas estarían durmiendo todavía y Sabina no había llegado. Por tanto, sería fácil deshacerse del pescado. Sin hacer ruido, me dirigí hasta la cocina y, cuando iba a franquear la puerta, me detuvo en seco una voz a mis espaldas: —Buenos días, Gil —era mi madre. Como no esperaba encontrarme a nadie, me asusté y el pescado se me