APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 63

médico para que adelgazasen un poco. Y, sin embargo, las dejáis que coman y coman… Se produjo un largo silencio. —¡Gil tiene razón! —dijo al fin mi padre. Y no se habló más. Mi madre retiró la fuente con las rodajas de pescado que habían sobrado. Entonces sentí dos violentos golpes en mis pantorrillas. Por debajo de la mesa comenzaba la venganza de las mellizas. Sonreí para mis adentros y aguanté el dolor sin rechistar.