APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 62
y coger alguna.
Las mellizas, sin embargo, parecían
dispuestas a acabar con todo.
—¿Puedo comer un poco más de
pescado? —preguntó la una.
—Yo también quiero más —aseguró
la otra.
Algo tenía que hacer, y pronto.
—¡Gordas! —les grité.
—¡Gil! —me gritó mi padre a mí.
—¡Gil! —también me gritó mi
madre.
—Vosotros mismos reconocéis que
las mellizas están muy gordas. —Me
dirigí a mis padres—. El otro día
comentabais que tendría que verlas un