APARECIÓ EN MI VENTANA apareció en mi ventana | Page 58
maletero.
Allí permanecía el mukusuluba, casi
en la misma postura en que lo había
dejado horas antes. Y, lo que era peor,
allí permanecían también, intactos, el
trozo de queso, la manzana y el pedazo
de pan.
—¿No te gusta el queso, verdad? —
le dije—. No me extraña. A mí tampoco.
Y, claro, debes de tener hambre. Llevas
mucho tiempo sin probar bocado.
Tendrás que esperar un poco, hasta la
hora de la cena. Ya falta poco. No sé
cómo, pero te aseguro que algo te
conseguiré, y espero que te guste.
Yde nuevo me pareció que el